Carta desde Lima. Lo que pasa en cinco minutos
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La mayoría de las veces solo son eso: imágenes capturadas de un fluir constante, imposibles de clasificar, protagonizadas por personajes misteriosos o extraños. Si mantienes los ojos abiertos, puedes atraparlos in fraganti en el momento en que sus acciones los revelan. Algunos aparecen con la ligereza de una brisa fresca, otros irrumpen de forma cortante, llamando nuestra atención de golpe. Soportan en silencio su papel como parte del decorado urbano, o irrumpen para trastocar para siempre nuestro paisaje. En algún momento, las escenas que protagonizan forman una secuencia narrativa: somos capaces de apreciar la historia completa.
Por ejemplo: el hombre que encuentro dormido sobre el retiro de una ventana, como cualquier borracho abandonado de sí mismo, en la esquina del hospital de Neoplásicas donde está internado un amigo. Una mujer, dándole la espalda, vende emoliente, nuestra bebida tradicional. Lo ha cubierto, generosa, con tres bolsas de plástico y algunos periódicos. Mientras apuro el trago de la bebida caliente que acaba de prepararme, pienso si la mujer realmente lo cuida o simplemente no quiere que su aspecto espante a sus clientes. Un momento después, me cruzo con un niño que arroja empaques vacíos de poliestireno a la avenida, esperando que alguno golpee el parabrisas del auto........
