menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La broma que no es broma

3 0
thursday

Nombre de usuario o dirección de correo

El salón del Waldorf Astoria huele a alfombra nueva y a baja política. Es la noche del 24 de julio de 2026, es la Cena de Corresponsales en la Casa Blanca y ahí está Donald Trump, ochenta años, entrando despacio, como si el tiempo lo esperara solo a él, saludando uno por uno a los periodistas de la primera fila –los mismos que semanas atrás demandó ante un tribunal de Nueva York por su cobertura del avión que le regaló el reino de Qatar. La cena fue suspendida en abril, cuando el tiroteo que casi la convierte en una tragedia, pero esta noche, en cambio, Trump está listo para la comedia. Entonces habla. Dice que su primera presidencia fue buena y la segunda “es mejor” y que, y ahí comienza el show, “la tercera será mejor todavía”. Luego hace un silencio calculado y sonríe. “Solo estoy bromeando”.

¿Lo estaba? Porque en ese mismo discurso, después de divagar sobre sus obras de remodelación en la Casa Blanca, la guerra contra Irán, el Servicio Secreto y de lanzar una sucesión de chistes biliosos y malos, volvió sobre el tema al final de su monólogo de una hora.

–A todos nos va bien juntos –dice–. Por eso, esta noche, para demostrar cuánto me importa la prensa y porque quiero salvar sus índices de audiencia, me complace anunciar mi intención de… y esto es, en cierto modo, una exclusiva: ¡mi intención de presentarme a un cuarto mandato como presidente de los Estados Unidos!

Entonces se pone una gorra roja con la inscripción “Trump 2028” antes de que nadie pueda decidir si reír o no. Ese instante –la gorra, el silencio, las risas a destiempo– no es humor, así pretenda asumir su forma. Es un globo de ensayo.

La historiadora Ruth Ben-Ghiat, que lleva dos décadas estudiando cómo el fascismo europeo conquistó calles y hogares antes de llegar el poder, escribió en 2017 sobre el globo de ensayo como mecanismo de distorsión. Lanzar ideas extremas que contaminan el discurso general es una manera de transformar una cultura política democrática en una práctica autoritaria, dijo Ben-Ghiat.

El globo de ensayo es sencillo: consiste en introducir una idea reprochable envolviéndola como un comentario espontáneo –un chiste, algo dicho al pasar, una ocurrencia soltada de manera circunstancial o azarosa–, de manera que otorgue flexibilidad para las acciones posteriores –retractarse, acusar a los críticos descontextualizar, de exagerar una broma…–, pero mientras tanto la humorada ha circulado entre millones de personas, generó su propio ciclo de noticias y quedó flotando en el aire como una posibilidad discutible. El dispositivo cumplió su función: lo inaceptable –desde el tabú a lo ilegal–, envuelto de la ambigüedad protectora del “no hablaba en serio”, se vuelve –si la reacción es manejable– un hecho político real.

Trump no es el único en lanzar globos a la atmósfera. Dirigentes........

© Letras Libres