La bella gula
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Gula y glotonería vienen a ser más o menos lo mismo. Etimológicamente, ambas palabras se emparentan con la garganta y el tragar. Sin embargo, la gula se volvió más famosa como pecado al tiempo que el glotón no es pecador sino un bon vivant. La imagen que se ha heredado sobre la gula es la de abundantes banquetes romanos donde los comensales han de vomitar entre manjar y manjar para recuperar espacio vacío en los estómagos.
Desde antes de que existieran los pecados capitales había moralistas que condenaban el mucho comer. Si bien no se trataba de ofender a un dios, sino que los placeres ablandaban a los hombres y el sobrepeso impedía realizar correctamente las labores militares.
Según los nuevos historiadores, el asunto de los romanos vomitones es un mito, por la interpretación que se le dio al término vomitorium, como si fuese una habitación junto al comedor para realizar precisamente esto. Sabemos que en los antiguos teatros los vomitorios eran los túneles por donde fácil y rápidamente podía salir el público.
Vitruvio, al llegar al capítulo de los teatros en su De architectura, habla de estos: “Es necesario proyectar una buena cantidad de vomitorios, cuidando que los superiores no se comuniquen con los inferiores, sino que deben ser directos y rectos, sin recodos, a fin de que el público no se aglomere al marcharse de los espectáculos, sino que desde cualquier sector tenga salidas independientes sin problemas”.
Nunca imaginé a Lúculo devolviendo el estómago, pues pese a su fama de buen comedor, era gente fina. En cambio sí veía a Nerón cometiendo el tradicional pecado de la gula.
Podemos pensar que la práctica de vomitar no era muy generalizada, pero Suetonio nos cuenta esto sobre el emperador Aulo Vitelio, que tenía fama de ser bastante obeso: “Era, sobre todo, propenso a la gula y a la crueldad, y así, hacía siempre tres comidas, a veces cuatro, que distribuía en desayunos,........
