No hay más crítica que la nuestra |
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Este mes se estrenó en París “La ruée vers l’art”1, un documental de investigación que pretende analizar los entresijos del mundo del arte contemporáneo pero se detiene, comprensiblemente, en su mercado. Con mucha ingenuidad y limitaciones formales y argumentativas, el documental exhibe un mundo que se rige por parámetros cercanos a los de la Bolsa. Esto ya lo sabíamos; no es necesaria gran pericia investigativa para descubrirlo, basta dejar la cámara encendida en cualquier feria y el mundo del arte se pone en evidencia.
Las directoras del documental, tres señoras de sesenta y tantos años, persiguen por el mundo, infructuosamente, a galeristas, coleccionistas y artistas. No es tanto el peligro de desenmascarar al mundo del arte lo que las bloquea sino que para éste ellas son invisibles. Durante la feria Art Basel una de las documentalistas se acerca al galerista Larry Gagosian para entrevistarlo y le toca el brazo: DON’T TOUCH ME, le espeta.
A base de una omnipresencia agobiante en ferias y bienales (paralela al modus operandi de algunos artistas) consiguen finalmente que una pareja de coleccionistas en Miami las reciba. A partir de ese momento las señoras suspenden su espíritu crítico y se dejan seducir por ese mundo del arte que las despreciaba: se encandilan con las fiestas y opulencia de Art Basel en Miami (el festival de Cannes del arte) y no pueden contener sus ¡wow! en una visita al Foxconn del arte: el tallerde 7,000 m2 del artista chino Zhang Huan y sus cien obreros (con media hora de pausa para comer). Tiene todo de un Maestro, dicen maravilladas y Zhang Huan les explica su estrategia para escoger la mejor galería. El documental termina por suavizar su premisa inicial. El mundo del arte es inmoral cuando nos ignora pero impresionante cuando nos invita a sus fiestas privadas.
Las reacciones a «La ruée vers l’art», en el medio artístico francés han sido más de indignación hipersensible ante su reduccionismo —arte igual a su mercado— que de auto-crítica. Este documental y su recepción en el mundo del arte puede servir de metáfora del (la ausencia de) diálogo entre el arte contemporáneo y sus críticos.
Está el mundo del arte, autosuficiente y........