Rafael Gumucio en El salón de Gascón: “Prefiero perder una buena causa que perder un buen chiste”
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El escritor chileno Rafael Gumucio conversa con Daniel Gascón sobre humor y política: por qué el humor nunca es progresista, por qué Trump y Milei han roto todas las teorías sobre la sátira, o por qué el miniboom latinoamericano en España murió con Zapatero. Además, intentan encontrar (sin éxito) algún escritor bueno que no sea humorístico, y conversan sobre su biografía de Nicanor Parra, su libro sobre Roberto Matta, y los galanes imperfectos sobre los que ha escrito.
Transcripción editada
DANIEL GASCÓN: Hola, muy buenas. Bienvenidos al salón de Gascón en Letras Libres España. Estoy muy contento con quien estoy hoy, que es el escritor chileno Rafael Gumucio, periodista, ensayista, novelista y colaborador de hace mucho tiempo en Letras Libres, y que actualmente es nuestro corresponsal en Santiago en las cartas que hacemos en Red Hispana. Muchas gracias por estar con nosotros.
RAFAEL GUMUCIO: Casi nunca habla de Santiago, pero trato de cumplir con su labor.
DANIEL GASCÓN: Aparte, tiene una obra muy variada, muy extensa y muy interesante. Yo creo que tiene siempre una mirada diferente a todas las demás, cargada de humor y con una capacidad de encontrar las contradicciones y el absurdo en cosas que los demás pasamos por alto. Parece la combinación de talento para el disparate y lucidez para describir lo que hay delante. Es un placer que estés con nosotros.
RAFAEL GUMUCIO: Bueno, no voy a intentar una falsa modestia en este instante, así que voy a aceptar los halagos, por más exagerados que sean.
DANIEL GASCÓN: Eso que se dice: quien rechaza un halago espera dos. Yendo al revés, en tu pieza más reciente en la revista hablas de Zapatero, no tanto sobre él como sobre su influencia. Y dices que en España está esa frase que se dice mucho de que contra Franco vivíamos mejor. Eso quizá no es cierto, pero quizá mucha gente cree que contra Aznar vivíamos mejor en esos años.
RAFAEL GUMUCIO: Yo creo que cualquier parámetro más o menos objetivo diría que la época de Aznar, del segundo Aznar, fue en todo sentido de gloria, sobre todo para los que no éramos del partido de Aznar. Era difícil ser del partido de Aznar: era una persona que producía todo tipo de antipatías que puede producir una persona. Tenía un proyecto de derecha, franco, duro, que no logró del todo implementar. Y sí, el tejido cultural, lo que había de cultura, vivió una época de bastante gloria, no debido a las políticas de Aznar, pero tampoco hubo impedimento de parte de él. Lo que yo viví acá, quizás estoy un poco influido por la nostalgia, era un mundo editorial muy boyante, una generación de escritores que son mis amigos hasta el día de hoy, que ha sido poco reemplazada, y un momento que, por una serie de confluencias de astros, entre las cuales la presencia de Roberto Bolaño en Barcelona, hicieron que fuera un momento muy particular, una especie de Renacimiento. Se habla mucho del boom, pero el boom no tocó el mainstream español. El ABC, por decir algo, no supo que existía el boom. El boom pasó en América Latina, pasó por el mundo, y escasamente tocó la cultura española. En cambio, creo que ese miniboom en que estaban Rodrigo Fresán, Juan Villoro y yo, y estábamos plenamente integrados a un debate plural, divertido, entretenido, fue muriendo con Zapatero, no porque Zapatero lo prohibiese, sino porque de alguna forma la irresponsabilidad de no tener que gobernar ayudaba mucho a este mundo cultural. El segundo gobierno de Aznar no tenía que hacerse cargo de nada, y claro, manifestarse contra la guerra de Irak no cuesta nada. Estar en contra de la guerra de Irak como algo horrible, pero que no tenía costos materiales en tu vida, era interesante. Me llama la atención que cuando David Uclés, el escritor que dijo que no va a ir a la charla de Pérez-Reverte, su argumentario es el argumentario del zapaterismo: que Aznar es el hombre que más daño le ha hecho personalmente, físicamente. Eso es simplemente el recuerdo, la rémora de una época que él no vivió, pero que informa su forma de ver el mundo, que creo que ha quedado instalada.
DANIEL GASCÓN: Sí, es curioso, porque muchas veces lo que se dice desde la izquierda es que la derecha no acepta cuando la izquierda está en el poder. Pero es curioso que Aznar fuera la primera vez en la democracia española en que la derecha estuvo en el poder y que sea una figura tan polarizante que todavía moviliza mucho.
RAFAEL GUMUCIO: Bueno, él hizo méritos que no se le pueden quitar. Uno de ellos fue el talante, el otro fue lo de Atocha, los Azores. No le estoy quitando mérito a Aznar diciendo que fue inocuo y un gran tipo que nosotros no supimos valorar: no, fue lo que fue. Pero la idea de que sea el hombre que más dolor le ha infligido a la sociedad española habla de la sociedad española. Y entonces, ¿qué pasa con la crisis del 2008? ¿Qué pasa con el 15M? Voy a poner en la misma balanza la crisis económica y cultural del final de Zapatero y Rajoy con la guerra, con los Azores. Evidentemente que no. Sin embargo, pareciera que sí. Y eso es aún más divertido si tomamos en cuenta quiénes tienen como partida de nacimiento la oposición a Aznar y la fecha del 15M, que son Iglesias y compañía, porque en este momento también parecen pensar que no pasó nada y que realmente el último gran dolor que vivió España fueron los Azores.
Yo no tengo que meterme con la política española, no es mi tema, pero esto tiene que ver con el clima en general de toda la izquierda en América Latina y en el mundo. Parra decía que hay que vivir la contradicción sin conflicto, es decir, poder ser izquierda y derecha, poder ser blanco y negro, entender ambas posiciones sin compartirlas. Lo que hace este tipo de política de centro izquierda es vivir el conflicto sin contradicción. Construir un conflicto en el cual no hay una contradicción de base. No es solo una cosa de la izquierda, también de la derecha. Hago mucho ruido y pocas nueces. Yo les estuve preguntando a ChatGPT, bueno, a Claude, porque soy católico y no puedo usar ChatGPT…
DANIEL GASCÓN: ¿Por qué, cuál es la conexión?
RAFAEL GUMUCIO: Porque el Papa nos dejó claro que solo se podía usar Claude, que ChatGPT está en manos del diablo. Bueno, le pregunté a Claude sobre las políticas migratorias de Trump, y me dijo que son durísimas, tremendas, infamantes. Y dije: en las cifras, las políticas de Biden eran iguales, y las de Obama eran aún más fuertes. En realidad no está haciendo nada diferente en los números. Sí está haciendo culturalmente algo muy grave, pero muy invisible. Entonces esta sensación, que creo que es bastante cierta, de que es muy poco lo que se puede hacer, hace que sea muy importante construir batallas e hitos simbólicos en que parezca que estamos removiendo el avispero. Todo eso funciona perfectamente hasta que sucede algo. Y ahí fue lo que le pasó a Boric.
DANIEL GASCÓN: La crisis, el choque con la realidad. Tú hablas de esa política que es la grandilocuencia y el vacío.
RAFAEL GUMUCIO: Claro, la política catalana fue un gran entrenamiento en ese sentido: removemos los papeles de Salamanca, los traemos, no los traemos, los volvemos a traer. Eso entretiene a algunas personas, no pasa nada, y mantenemos el poder económico en el mismo lugar. Sería maravilloso si realmente no sucediese nada, si realmente no hubiese problemas concretos, si realmente no hubiese pobreza, si realmente no hubiese explotación. Por desgracia no es así.
DANIEL GASCÓN: Estaba pensando, por ejemplo, en tu artículo anterior, donde hablabas de Boric y hacías un paralelismo muy curioso con la película de Linklater, Nouvelle Vague. Explícanos un poco esa conexión.
RAFAEL GUMUCIO: Ese me salió medio complicado. Creo que me enredé un poco con la pelota. La película de Linklater es muy buena y fui un poco injusto con ella, la verdad. Pero a propósito de la película me puse a ver muchas entrevistas de Godard. Siempre he sido muy fanático del cine y la nouvelle vague, y el proyecto de Godard no era hacer una película buena, mala, más o menos, divertida o no, sino filmar diferente, cómo se hace una película, y primero entender cómo se hace deshaciéndola. Voy a hacer todo lo que no se debe hacer y así voy a entender cómo se hace. No es un proyecto de irreverencia, al revés, Godard es un gran admirador del cine clásico y del cine americano. Eso viene por supuesto con una consecuencia política: cómo se debe deshacer o rehacer el relato político-social. En el caso de Godard empezó siendo solamente estético y terminó siendo político. Las posiciones políticas de Godard son ridículas, pero en el caso de Boric existe también el simulacro de una nouvelle vague. Le llegó la llamada al productor después de una semana de filmación: “Tienes que firmar la película como hay que firmarla.” Y se acabó. Lo que se ha muerto es el productor de la película de Godard, que era un señor con corbata, mayor que Godard, y ese señor con corbata igual se agarró a piñas con Godard, pero igual le permitió hacer esto. Frank Zappa lo decía muy bien: lo que existían eran ejecutivos de discográficas con corbata, viejos, calvos, que no entendían nada de lo que estaba haciendo el grupo, pero que decían: bueno, puede que venda, puede que no venda. Y si no vende, la vida es así.
Y yo siento que eso es lo que ha ido sucediendo........
