Animales demasiado humanos
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“Los caballos no compran periódicos” es el título de un libro clásico de Mariano Gistaín, pero nadie ha dicho que no los lean en internet y, por otra parte, yo soy como soy y nada animal me es ajeno, así que estos días me he fijado en varias noticias relacionadas con animales. La primera es el cumpleaños de Fatou, la gorila en cautividad más vieja del mundo, que ha festejado sus 69 años en el zoo de Berlín con una comida de tomates cherry, remolacha, puerros y lechuga. También hemos descubierto que en el parque nacional de Kibale, en Uganda, se lleva a cabo desde hace ocho años una cruenta guerra civil entre chimpancés.
Entretanto, una rata ha recibido un merecido reconocimiento en forma de estatua en Camboya. Se trata de Magawa, una rata gigante africana (Cricetomys ansorgei es la especie, que no está emparentada con las ratas grises y negras comunes) nacida en Tanzania en 2013. Formaba parte de un programa de la organización no gubernamental Apopo; contribuyó a detectar centenares de minas y a salvar incontables vidas humanas. Magawa localizaba el artefacto y avisaba a sus adiestradores. Había incentivos: cacahuetes y trozos de plátano. Magawa (que era macho) ya había recibido la medalla de Oro PDSA. Después de retirarse, se dedicó a formar a generaciones posteriores. Magawa murió en 2022, pero tiene un sucesor, Ronin, que ya ha detectado 109 minas, aunque hay alguna diferencia: por ejemplo, a Ronin le gusta más el aguacate.
Por otra parte, hemos podido ver unas imágenes del primer oso nacido en el Pirineo aragonés en medio siglo, rascándose el lomo contra un árbol junto a su madre, Claverina, que es eslovena. Eduardo Mendoza ha provocado cierto escándalo al decir que el 23 de abril debería ser el Día del Libro y no Sant Jordi, que, ha dicho el escritor, probablemente era analfabeto y sin duda un maltratador de animales: que le pregunten al pobre dragón. Personas extremadamente sensibles, heridas por la falta de delicadeza de estas declaraciones, han animado a quemar los libros del autor de La verdad sobre el caso Savolta.
También se llama Edward, pero no Mendoza, sino Warchocki, el robot polaco que hemos visto estos días persiguiendo a unos jabalíes en un área residencial de Varsovia. Mientras, en Colombia se sacrificarán unos ochenta hipopótamos. Son descendientes de los cuatro que importó ilegalmente el narcotraficante Pablo Escobar. Tras la muerte del delincuente, los animales de su zoo privado se trasladaron a otras instalaciones. Pero estos paquidermos eran complicados y peligrosos, y las autoridades pensaron que de todas formas morirían por inanición. Ahora son más de doscientos y constituyen una grave amenaza para la biodiversidad del río Magdalena.
[Ningún animal resultó herido en la escritura de esta columna.]
Publicado originalmente en El Periódico de Aragón.
