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El Único y su Propiedad, la cocaína

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13.01.2026

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Carlos Velázquez

La efeba salvaje

Ciudad de México, Sexto Piso, 2017, 136 pp.

El pericazo sarniento (selfie con cocaína)

Ciudad de México, Cal y Arena, 2017, 208 pp.

Durante los años que van transcurriendo del siglo XXI la obra de Carlos Velázquez (Torreón, 1978) acaso sea la gran novedad de la narrativa mexicana, aunque le falte la prueba de la novela. Fallecidos Jesús Gardea y Daniel Sada –este último llamado a ser un clásico de la literatura latinoamericana– e igualmente desaparecido ese supremo extraterritorial que fue Roberto Bolaño, el norte de México se convirtió en el escenario a poblar por la imaginación novelesca. El resultado fue variopinto y se colaron quienes solo son “narconarradores”, y sin aquella tragedia no habrían abandonado el periodismo o la academia, pero aparecieron también creadores polimorfos como Julián Herbert –poeta, crítico, narrador, músico– o Cristina Rivera Garza, cuya baraja literaria o teórica, igualmente, va mucho más allá del norte.

En cuanto a concentración literaria, el caso de Velázquez es notable. Cuando se editó La Biblia Vaquera (2008 y 2011), se pensó que su joven autor, al destruir los convencionalismos visuales, lingüísticos y mediáticos de la “identidad norteña” con un artefacto fabuloso, se autodestruiría a su vez como escritor (lo cual le sería festejado por aquellos a quienes la literatura no les basta) y nos llevaría a alguna clase de situación póstuma o postrera: posposmodernismo o “posnorteñidad”, etc. Dado que los experimentos solo funcionan una vez, porque su rutinaria repetición los transforma en muestras de laboratorio de algún academismo, Velázquez buscó la literatura adentro de sí mismo y no en el mercado de ciertas novedades antiguas por instantáneas. Perdió en riqueza léxica, en imaginación adverbial y en adjetivación caprichosa, tomada de una lectura originalísima del “norteñés” de Sada. Pero se quitó la vistosa máscara de luchador y se miró a sí mismo.

Si La Biblia Vaquera, aun leída desde la tradición, es rabelesiana, cabe decir que los alimentos terrestres de Velázquez, narrador nato entre la ficción y la no ficción (y su particular entender de una y otra), están en otra parte. Él mismo nos los muestra en el rock de nuestro siglo, en series como The........

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