Que interrumpía la vista

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La gente que iba por la calle parecía estar llegando tarde a la cena de fin de año, solo que hacía un sol radiante y se caían las moscas. Como habían cortado algunas calles por el acontecimiento, el autobús tuvo que coger un desvío. En un momento del trayecto extraordinario, me llegó por el rabillo del ojo el atisbo de una visión que ya conocía y que mantiene siempre su encanto indescifrable: los árboles del Retiro al fondo, envueltos en la bruma dorada del atardecer, que parece que están en otro mundo al que se llegaría bajando la calle, pero habría que bajarla, pero a la vez era un punto de vista mejorado porque íbamos más elevados respecto a lo habitual. Me di cuenta de que por la calle Juan Bravo normalmente no pasan autobuses y que por eso esa visión era única y un golpe de fortuna, propiciado por el futbolista de la semana anterior. También podíamos mirar a los árboles del bulevar a los ojos. Pido al alcalde que ponga autobuses de tres pisos. Esperé a la siguiente perpendicular, que ya llegaba, para volver........

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