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Lanzarote no se quedó sin luz de repente

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04.10.2026

El apagón del 3 de octubre no puede explicarse únicamente por una avería en Mácher. Detrás de aquellas horas sin electricidad existe una historia mucho más larga, marcada por proyectos que llevan años sobre la mesa, infraestructuras cuya culminación se ha prolongado en el tiempo, instalaciones que necesitan modernizarse y una planificación energética que, en determinados momentos, parece haber avanzado por detrás de las necesidades de una isla que no ha dejado de crecer.

Lanzarote se quedó a oscuras en la madrugada del 3 de octubre y volvió a comprobar hasta qué punto depende de una infraestructura energética esencial para prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana. El cero energético comenzó a las 5:44 horas con una incidencia en la red de 66 kV de la subestación de Mácher, en Tías, que afectó inicialmente a unos 51.703 clientes. Cuatro minutos después, durante las maniobras de reposición, una nueva incidencia en las subestaciones de San Bartolomé y Punta Grande provocó pérdida de generación y elevó la afección hasta aproximadamente 73.600 clientes. Playa Blanca quedó fuera del apagón gracias a su conexión con Fuerteventura.

No fue, por tanto, un simple corte de luz. El cero energético afectó también a la producción de agua porque las plantas desaladoras dejaron de funcionar con normalidad y obligó al Gobierno de Canarias a activar la prealerta del PLATECA por la afección a suministros básicos. En una isla que depende de la desalación para garantizar su abastecimiento, la electricidad y el agua forman parte de una misma ecuación, de manera que una interrupción de gran dimensión deja de ser exclusivamente un problema energético para convertirse en una cuestión de seguridad y de funcionamiento de los servicios esenciales.

Y ahí debería comenzar la verdadera reflexión, porque Lanzarote no se quedó sin luz de repente.

El problema no nació el 3 de octubre 

La explicación técnica de la avería tendrá que determinarse mediante la investigación anunciada por las administraciones y los operadores del sistema, pero existe otra cuestión que debería formar parte de esa investigación y que va mucho más allá de localizar el elemento concreto que falló aquella madrugada: por qué una incidencia localizada pudo terminar provocando un cero energético de estas dimensiones y qué infraestructuras previstas para reducir esa vulnerabilidad siguen todavía pendientes.

El caso del eje eléctrico entre Mácher y Playa Blanca resulta especialmente significativo. No se trata de una actuación concebida después del apagón, sino de un proyecto cuya tramitación viene de mucho antes. La documentación oficial demuestra que fue sometido a información pública en diciembre de 2010 y que en mayo de 2016 recibió autorización administrativa, aprobación del proyecto de ejecución y declaración de utilidad pública.

El dato adquiere todavía mayor relevancia cuando se observa la situación actual. En mayo de 2026, el Gobierno de Canarias incorporó a su Plan Estratégico de Subvenciones una ayuda al Cabildo de Lanzarote destinada al proyecto Playa Blanca-Mácher, concretamente al soterramiento del transporte de energía eléctrica a 132 kV en doble circuito entre ambas localidades, con un plazo de vigencia previsto para 2026-2027 y con un objetivo expresamente definido: mejorar la garantía del suministro eléctrico.

La cronología resulta difícil de ignorar. El proyecto ya estaba en información pública en 2010, fue autorizado en 2016 y en 2026 todavía existen actuaciones asociadas a su culminación. No hace falta afirmar que nadie haya querido resolver el problema para formular una pregunta legítima: ¿por qué una infraestructura considerada necesaria hace tantos años continúa........

© La Voz de Lanzarote