"Palmeros y conspiradores"
Existe un mal arraigado con fiereza en las arterias de la política y la administración pública que se mide en toneladas de dignidad perdida. Es un virus encarnado por una estirpe de profesionales del camuflaje, los palmeros que se transforman en conspiradores. Personajes oscuros que jamás han asumido un riesgo, que nunca han tomado una decisión valiente y que han convertido el ejercicio del servicio público en un mero tablero de supervivencia personal.
El palmero institucional es una figura trágica pero peligrosa. En público, su función es la de un amplificador de egos. Su lealtad no es ideológica, ni ética, ni técnica. Es estrictamente posicional. No sirve al ciudadano, ni siquiera sirve a un partido. Sirve a la persona que tiene enfrente sabiendo que su "permanencia" depende de una aparente sumisión........
