La partida de ajedrez iraní
Ferdousí o Ferdawsi, (935 d.C. - 1020 d.C.), es considerado por la mayoría de los iraníes actuales como el más insigne poeta en lengua persa de su historia. Autor de la epopeya Shahnamé o Libro de los Reyes, que relaciona la cultura de los persas antes y después de la llegada del Islam, explicó que el juego del ajedrez tuvo su origen en la India. Al objeto de solucionar un conflicto entre hermanos enfrentados militarmente, unos asesores propusieron recrear un campo de batalla sobre un tablero. Nacía así, según Ferdousí, el Chaturanga, antecesor del ajedrez actual, con solo cuatro unidades de combate. Aunque no existen documentos que expliquen de manera fehacientemente cómo se produjo la evolución posterior, se cree que fueron los persas quienes le dieron el desarrollo actual.
Este juego basado en la reflexión estratégica refleja, en gran medida, la forma de ser de los persas antiguos y los iraníes actuales. La visión de un amplio tablero que va más allá de sus fronteras políticas es lo que les ha permitido extender, durante décadas, su ámbito de influencia militar mediante proxis hasta el Mediterráneo y el mar Rojo. Prácticamente, tras el fin de la guerra con Irak que se desarrolló desde 1980 a 1988, los iraníes se han ido infiltrando en Siria, Líbano, Palestina y Yemen al objeto de crear un invisible pero muy real cordón sanitario alrededor del gran Satán, entiéndase Israel, y sus rivales religiosos, los sunitas liderados fundamentalmente por Arabia Saudí. Desde su apoyo a la dinastía alawita de los Asad en Siria, pasando por la financiación a Hezbolá en Líbano, Hamás en Palestina y los hutíes en Yemen, Irán ha propiciado la inestabilidad alrededor de Israel al tiempo que creaba incomodidad en Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico. La irrupción del Daesh en el 2014 puso a prueba su capacidad de convocatoria manifestándose en el apoyo militar a un débil gobierno iraquí, pero también marcó el inicio de su declive.
Doce años después, el descontento interno por la represión política y social así como el imparable deterioro económico derivado de las sanciones internacionales y el debilitamiento del liderazgo religioso, consecuencia del natural envejecimiento de sus líderes, han sido aprovechados por Israel para convencer a Trump de que atacara a Irán cuando su objetivo real era acabar con Hezbolá en el Líbano.
Hoy Israel intenta rematar su plan en el Líbano antes de que le fuercen a un acuerdo que ni espera ni desea. Veremos si alguien gana esta partida o vuelven a quedar en tablas.
