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«Resorts» de dictadores

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03.04.2026

Jared Kushner es delegado de su suegro, Donald Trump, para inversiones en los países árabes. Su plan Nueva Gaza pasa por convertir la desolada franja en la Riviera de Oriente Medio. Es preciso un proceso de expulsión de la población local, y otro de zonificación. En unos años Gaza estará preciosa: zona rosa (cientos de rascacielos al borde del mar, hoteles, urbanizaciones de lujo, centros comerciales), zona marrón (industrias tecnológicas), zona gris azulada (instalaciones portuarias y aeroportuarias cerca de Egipto), Nueva Rafah (centro administrativo), trenes rápidos, colegios, hospitales, etcétera. Para llevar a cabo este proyecto, en esencia turístico, hace falta invertir unos miles de millones de dólares, eliminar a Hamás, expulsar a los palestinos, desmilitarizar el territorio y garantizar la seguridad.

Los nazis construyeron el gran complejo turístico de Prora en la isla de Rügen, en el mar Báltico (1936). Fundaron la Kraft durch Freude (Fuerza a través de la Alegría), que se encargaría de que los trabajadores alemanes disfrutasen de su par de semanas de vacaciones. Levantaron edificios como prismas rectangulares a lo largo de 4,5 kilómetros de costa, que hasta fueron premiados en la Feria Internacional de París (1937). En los bloques, a unos 150 metros de la primera línea de playa, había 20.000 camas y transporte público. También había un muelle para cruceros. Estalló la Segunda Guerra Mundial y ningún turista alemán llegó a disfrutar del gran complejo vacacional, que se quedó como una ciudad fantasma, hasta que se ha rehabilitado para apartamentos de diseño que ocupan turistas de alto standing. Las diferencias entre los dos macro proyectos derivan del contexto histórico: turismo clasista frente a turismo igualitario, impacto bélico contra impacto ambiental, negocio versus propaganda; pero ambos nacen como iconos del imperialismo y del nacionalismo. Ambos son resorts de dictadores.


© La Voz de Galicia