Vida interior
Para muchos chavales, y para bastantes adultos, no hay tiempo que perder cuando se está perdiendo el tiempo. Los niños de mi generación podíamos pasar horas tirados en el sofá, aburridos, viendo programas de televisión horrorosos o pensando en las musarañas. Sin tele ni tebeos, mirábamos por la ventana, a la espera de un amigo que viniera a salvarnos, aunque solía llegar antes la pregunta: «¿No tienes nada que........
