Los papeles absuelven a Juan Carlos I

«Quieto todo el mundo» y unos disparos. Un sonido que los nacidos antes de finales de los 70 identificarán sin dudar. Por el impacto del momento y por las veces que se repitió en televisión un asalto que pudo ser grabado pese a que eran tiempos de únicamente dos canales.

Un episodio, el intento de golpe del 23F, que pudo acabar con la incipiente democracia pero que consiguió todo lo contrario. Y en ese éxito siempre emergió una figura, la del jefe del Estado entonces, Juan Carlos I. Pero su trabajo y su heroicidad estuvieron perseguidas por una sombra, por una duda: ¿era el rey «la autoridad militar competente» a la que en todo momento se refirió Tejero? ¿Encabezaba el golpe descontento, con la marcha del joven sistema parlamentario?

Tuvieron que pasar treinta años para que el prestigio ganado se volviese desprestigio, pero por otros motivos. Una caída en una excursión con Corina para cazar elefantes en Botsuana, en un momento en el que los españoles atravesaban una crisis durísima, dio el pistoletazo de salida. Y a partir de ahí, las comisiones del AVE a La Meca, los 65 millones entregados a Corina, dos regularizaciones fiscales, su relación con Bárbara Rey... La abdicación en el 2014 no fue suficiente y cinco años después se refugió en Abu Dabi, de donde sale casi únicamente para recalar en Sanxenxo.

Cuando Pedro Sánchez anunció el lunes la desclasificación de los papeles del 23F, había un temor: que esos documentos supusieran la puntilla a un rey que pasó de héroe a villano. Y que recientemente, en sus memorias, reivindicaba su legado.

Pero no. Los papeles hechos públicos ayer no aportan grandes novedades sobre lo ya sabido, pero sí ofrecen detalles, conversaciones del entorno de los implicados y opiniones que, por lo menos, parecen despejar las dudas sobre el papel de Juan Carlos I durante el asalto al Congreso. El rey fue un obstáculo en los planes de Armada y Milans, y trabajó en defensa de la democracia. Tanto, que en las reflexiones posteriores los implicados lo consideran «un objetivo a batir y anular» cuando consigan planificar otra intentona golpista. Es más, algunos de los involucrados en el 23F, según desvelan estos documentos, fueron los encargados de lanzar la campaña contra la Corona, sembrando dudas sobre el papel del monarca, con dos fines. Uno, intentar que recayesen sobre ellos menos responsabilidades y menos pena por la intentona; y dos, tener argumentos contra Juan Carlos cuando consiguiesen lanzar otro golpe de Estado.

Estos documentos no borran los escándalos de los últimos años, pero al menos reivindican el duro trabajo hecho por Juan Carlos I en los primeros años de reinado y, sobre todo, en la noche decisiva del 23F.


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