Irritables

Parece que nos hemos desayunado todos con un tazón de ortigas. Salir hoy a la calle, cruzar la mirada con el prójimo o, peor aún, asomarse al balcón digital de las redes sociales, es asistir a una coreografía de colmillos fuera, hiperventilación y pupilas dilatadas. La humanidad padece una suerte de hiperestesia colectiva, nos duele el aire, nos molesta el roce de la opinión ajena y cualquier nimiedad actúa como el percutor de un polvorín que no sabíamos que llevábamos encima.

 Por mi profesión, uno está acostumbrado a que el delirio tenga un orden, pero lo de ahora es un caos de baja intensidad. No es que estemos locos, es que estamos irritables........

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