Elogio de la lentitud

Vivimos en una era de taquicardia institucionalizada. Hemos convertido el segundero en una fusta y la existencia en un esprint hacia ninguna parte, convencidos de que la velocidad es un sinónimo de progreso. Sin embargo, en este delirio de fibra óptica y café de cápsula, olvidamos que la biología y la propia estructura del cosmos tienen sus propios ritmos, ajenos a nuestras urgencias de mercado.

La prisa no es solo un estado mental, es una patología de la civilización. Al acelerar el motor por encima de las revoluciones permitidas, el calentamiento es inevitable. Y es ahí, en el punto crítico de fricción, donde surge lo que podríamos llamar el «freno de emergencia de........

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