Es tiempo de mandarinas |
Los cítricos son árboles y arbustos perennes, pertenecientes a la familia Rutáceas (género Citrus), originarios de Asia tropical, conocidos por sus frutos ricos en vitamina C, antioxidantes y ácido cítrico. Son cultivos fundamentalmente de clima templado/subtropical, destacando la naranja, mandarina, limón, lima y pomelo. Se valoran por su sabor, su alto valor nutricional, el aroma y su uso ornamental.
Tal y como recoge Salvador Zaragoza en su obra Los cítricos. Un viaje a través de la historia y del arte, (editorial La Fábrica), su difusión vino propiciada por las principales rutas comerciales que unían Asia y Europa por tierra y mar: «Con la llegada de los siglos XVIII y XIX asistimos a la llegada y comercialización de cítricos nuevos, como el pomelo, posiblemente un híbrido accidental desarrollado en las plantaciones del Caribe, o el mandarino común, de gran importancia comercial hasta que fue sustituido en el siglo XIX por las clementinas».
Las mandarinas, originarias de las zonas tropicales del este de Asia, se introdujeron en Europa en el siglo XIX y en la actualidad los principales países productores son China, España, Japón y Marruecos, además de algunas áreas de centro y América Latina, siempre al margen de las zonas donde se producen heladas. En nuestro país, la producción de cítricos está en torno a cinco millones de toneladas, que en el caso de las mandarinas se concentra en Valencia, Castellón y Huelva. Sin embargo, en la península son puntualmente frecuentes en huertos y jardines, donde se pueden encontrar en plena temporada, desde el comienzo del otoño al mes de marzo.
Pues bien. Un grupo del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, liderado por Manuel Talón, ha mostrado que las conocidas clementinas tienen su origen en un huerto del orfanato argelino del padre Clément —de ahí su nombre—, y son hijas de una madre mandarina común y de un padre naranja dulce. Pero el estudio destapa también el papel de un tercer árbol clave en la historia de las mandarinas: «Hace unos 4.000 años, probablemente en el valle del río Yangtsé, que desemboca en Shanghái, el polen de un árbol de pummelo (la especie padre del pomelo) polinizó un árbol de mandarinas ancestrales, que eran incomestibles, y aquel cruce dio origen a las variedades comestibles de mandarina». Según explica, todos los árboles de clementina son herederos de un mutante de Castellón de 1953, heredero a su vez del cruce argelino.
El nombre común Clemenules, o clementina de Nules, se debe al municipio de Nules, perteneciente a la provincia de Castellón y a la comarca de la Plana Baja, en la Comunidad Valenciana. La economía de la zona se ha basado tradicionalmente en la agricultura, con claro predominio del cultivo de los cítricos y, actualmente, de clementinas.
Seguro que los lectores habrán visto en las tiendas diferentes tipos de mandarinas y notablemente las clementinas, caracterizadas por su pequeño tamaño, piel lisa y fina, además de ser fáciles de pelar y carecer de semillas; son muy dulces y aromáticas. Dentro de este grupo, denominado clementino, se cultivan una docena de variedades.
Si estos días visitan una frutería en su barrio, una gran superficie o pasean por algún jardín de su entorno, fíjense en las diferentes variedades de cítricos y en que estamos en tiempo de mandarinas; recuerden su largo viaje hasta nuestras tierras y piensen, como otras veces, que detrás de cada planta hay una historia de migración y mezcla. Tal vez eso les ayude a comprender mejor el mundo en que vivimos.