Premio Pritzker: ¿un revolucionario o un niño rico que hace experimentos? |
El aficionado se dispone a acribillar a un arquitecto de ascendencia croata pero chileno, al igual que —oh casualidad— el presidente del jurado del Pritzker, un Alejandro Aravena que también en su día sorprendió al ganar el medallón pese a su escasa obra construida y, eso sí, muchas teorías. Tras repasar la lista de selected works, uno ya tiene la escopeta cargada y entonces decide llamar a un par de amigos que sí que saben de verdad de la profesión, porque son arquitectos y además gallegos, así que el sentidiño se les presupone.
Para Carlos Quintáns, Smiljan Radic es «el mejor arquitecto vivo junto a Álvaro Siza y Peter Zumthor. Sorpresa es que hayan tardado tanto en darle el premio». Y menciona conceptos como fragilidad, provisionalidad, precariedad, una arquitectura fresca y abierta de circos ambulantes y capillitas, que está expandiendo los límites de la arquitectura. Hace cosas que a nadie se le habían ocurrido. Uno no puede evitar la tentación de recordarle que tampoco a nadie se le había ocurrido lo de Eisenman en el Gaiás... Craso error, porque Quintáns cita a Alberto Burri y su Grande Cretto en Gibellina (Sicilia), land art de cemento cuarteado que deja en evidencia a quienes eligieron al neoyorquino para Santiago.
Volvamos a Radic. Con proyectos como Casa Chica, Casa A o La Habitación demuestra que se puede cambiar el mundo. «Transforma el pensamiento arquitectónico. Quiere cambiar la forma de vivir, crear espacios para apreciar la luz y las sombras», explica Quintáns, que justo está a punto de publicar un amplio trabajo sobre el chileno en su revista Archives (hace años ya lo sacó en Obradoiro, son amigos desde hace más de dos décadas).
Fernando Agrasar: «Es un niño rico que ha podido hacer arquitectura experimental. Ser rico no es un demérito, pero explica por qué ha podido dedicarse a esto». No discute su valor poético y formal, pero «social y técnico, cero». Recuerda que también Aravena hacía viviendas sociales y ahora construye edificios millonarios para la Universidad Católica de Chile. Radic, dice, está fuera del mercado, no da respuestas. Forma parte del juego del Pritzker, este año en un ambiente enrarecido tras la dimisión del presidente de la fundación y de la cadena Hyatt por su aparición en los papeles de Epstein. El juego es que unas veces premian a Foster, Koolhaas, Nouvel, Utzon, y otros a ignotos como Glenn Murcutt, Francis Kéré...
En fin, el aficionado guarda la escopeta y solo piensa en la grande, inmensa brecha, que separa a los arquitectos de la sociedad.