Minúscula de irrelevancia

Donald Trump ha puesto como un trapo al Tribunal Supremo de Estados Unidos porque le ha tumbado el sistema de aranceles. Lo ha tachado de incompetente, con la excepción de «the Great Three!» (los tres grandes), los magistrados que han votado en contra del dictamen. Su castigo más expresivo lo puso en marcha el lunes pasado en su red social, donde escribió: «El tribunal supremo (¡usaré minúsculas por un tiempo, por pura falta de respeto!) de Estados Unidos...

El uso enfático de las mayúsculas es frecuente en Trump, que en sus menajes en internet suele subrayar expresiones y frases completas poniéndolas enteramente en ese tipo de letra. Como cuando en enero escribió refiriéndose a este asunto de los aranceles: «Si la Corte Suprema falla en contra de los Estados Unidos de América respecto de esta bonanza de seguridad nacional, ¡ESTAMOS JODIDOS!».

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En español está muy extendido el uso de la llamada mayúscula de relevancia, denominación en la que la Academia agrupa «todos aquellos usos más o menos tradicionales de la mayúscula inicial no justificados por ninguna de las funciones lingüísticas asignadas a la mayúscula en nuestro sistema ortográfico». Lo que las ortografías no habían tratado hasta ahora es lo que Trump ha puesto de manifiesto con su castigo al Tribunal Supremo de su país: la minúscula de irrelevancia. Esta viene a ser la pérdida de la mayúscula inicial del nombre de un ente para degradarlo y rebajar su categoría a los ojos del lector. Como cree escuela, pronto leeremos cosas como pedro sánchez, núñez feijoo o felipe VI, según quien escriba.

Las ortografías no han sido muy asépticas con la mayúscula de relevancia. La primera de la RAE, de 1741, entonces ortographía, prescribía que se escribiesen con mayúscula los «títulos de autoridad, dignidad, ó fama, y también en los cargos, y empleos honoríficos, y en los empleos públicos de qualquier calidad que sean», así como «aquellos nombres apelativos, que llaman colectivos, porque significan muchas personas ó cosas juntas, y unidas de algún modo, v. g. Religion, Comunidad, Consejo, Ayuntamiento, Tribunal, Universidad, Colegio, Reyno, Provincia, Ciudad y asi otros muchos». Todavía en 1999 la Academia indicaba que debía escribirse Rey, Papa, Duque, Presidente, Ministro, etc., excepto cuando acompañasen al nombre y en usos genéricos.

La ortografía del 2010 suprimió muchas mayúsculas de relevancia, aunque hay quien cree que todavía queda alguna.


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