Emilio, Sonsoles, Mónica y un piso

El pasado viernes, en el programa que dirige la periodista y escritora Sonsoles Ónega, fue recibida con mucho cariño una mujer que vive en un piso ajeno desde hace veinte años. Parece ser que el piso es de su exmarido y que, tras tan largo tiempo, lo quiere recuperar. Ella se niega a marcharse y quiere que toda España sepa lo malvado que es su benefactor. Parece que tiene derechos, pero son en general derechos metafísicos, que ella no es de papeles. Por eso no va a los juzgados, sino a la televisión. Por tanto, su anfitriona, la citada escritora, no le pregunta nada relacionado con el Código Civil, sino con sus sentimientos, que, claro está, son de amor hacia su malvado exmarido. Hay que añadir, además, que se trata de uno de los actores más importantes de los últimos sesenta o setenta años. Un hombre educado y prudente, poco amigo de exponer públicamente su vida privada, y es ahí donde le duele. Él se llama Emilio Gutiérrez Caba y ella, al parecer, solamente Mónica. Yo lo conocí como actor con doce o trece años viendo Los guardiamarinas, que me encantó, y, ya cuando era un adolescente nostálgico, en la maravillosa Nueve cartas a Berta, de Martín Patino. En verano del 2012, junto con mi amigo el editor Jesús Egido, lo traje a Coruña, a un curso de la Menéndez Pelayo sobre Bram Stoker y Drácula, que él estaba representando en Madrid. Recuerdo la cena posterior con verdadera felicidad. La escritora Sonsoles Ónega elige a Mónica y le presta el altavoz. ¡Qué se entere toda España!


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