Democracia, petróleo, hielo e inteligencia artificial

Ha terminado un 2025 con sonrisas forzadas y lágrimas auténticas, algunas de ellas derramadas por guerras que creíamos haber encerrado para siempre en los libros de historia del siglo XX. Esas guerras continúan, aunque han sido desplazadas en los titulares por otro tipo de conflicto, una nueva forma de conquista: la que se libra con código y algoritmos, y no solo con ejércitos. Así, comenzamos un 2026 en el que la Administración estadounidense interviene en Venezuela e instaura un gobierno de transición, oficialmente para «restablecer la democracia». Las formas resultan familiares, pero el fondo es diferente: el de una estrategia global en busca del control de recursos naturales. EE.UU. quiere asegurar sus reservas de petróleo, litio y cobalto, y lanza advertencias también a Groenlandia, convertida en un nuevo El Dorado del siglo XXI por sus minerales críticos, sus recursos hídricos y su situación geoestratégica. En este tablero, la inteligencia artificial actúa como árbitro discreto, pero decisivo, de la partida. Petróleo viejo, hielo nuevo y algoritmos de inteligencia artificial (IA): tres elementos aparentemente inconexos que hoy redefinen el poder global, mientras la Unión Europea observa, dividida entre su dependencia energética y su ambición de liderar la transición ecológica.

Trump no es el primero en mirar a Venezuela y a otros países iberoamericanos con ojos de halcón. El intervencionismo es viejo, pero el contexto y el cómo son novedosos. En un mundo que aún depende del petróleo, con una transición energética en marcha que ya mira hacia las baterías de litio, las reservas probadas de más de 300.000 millones de barriles de Venezuela son un botín estratégico........

© La Voz de Galicia