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Transcripción salomónica

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03.05.2020

Cuando se decide comprar una colección de música clásica por entregas es muy probable que la primera de ellas sea a precio reducido y contenga las sinfonías números 40 y 41 de Mozart. La consecuencia inmediata de este tipo de formatos de reclamo es que todos tengamos en casa un valioso CD medio escondido de una serie que no llegamos a completar.

Resulta paradójico que la mejor música de uno de los grandes compositores de la historia permanezca tan oculta a nuestros oídos al tiempo que nos entristece la cancelación del programa de la OSRM de esta semana en el Auditorio de Murcia que incluía la última obra instrumental en gran formato de Mozart, la Sinfonía nº 41 en do mayor, Júpiter, KV 551.

Dos de los músicos que mejor conocen esta partitura son Antonio Clares, profesor de viola del Conservatorio Profesional de Murcia y violista de la Orquesta del Siglo XVIII y Silvia Márquez, catedrática de clave del Departamento de Música Antigua del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. En el año 2006 hicieron el arreglo de la Júpiter para formación de cámara y la interpreatron con La Tempestad, de la que son miembros fundadores y alma mater del grupo. El resultado fue un excelente album de música clásica titulado Mozart Infrecuente y que se grabó en el Monasterio de los Jerónimos de Murcia en agosto de 2011.

La última de las sinfonías vienesas del compositor de Salzburgo es una de las grandes composiciones escritas hasta hoy. Para nuestros invitados lo más relevante es “el contraste entre los motivos poderosos o de afirmación con los de más sensibilidad” según Antonio y “la grandiosidad exultante de principio a fin construida sobre elementos sencillos como una sucesión de cuatro notas o una escala descendente” afirma Silvia. Para ellos, el brillo trasciende más allá de cualquier forma y la tensión se mantiene en todo........

© La Verdad


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