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Admiración debida

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30.05.2020

La burguesía de la ciudad de Viena de finales del siglo XVIII cambia la concepción musical europea. Las reuniones donde se combinan músicos profesionales y adicionados para interpretar música de cámara en formato Hausmusik se hacen más frecuentes y el cuarteto de cuerdas cobra especial protagonismo en ellas. Este consumo de música a domicilio estimula a las editoriales para publicar obras impresas y esto supone una oportunidad de mejorar los ingresos de compositores que dejan de ser asalariados de la nobleza.

El padre y principal impulsor del cuarteto de cuerda es Franz Joseph Haydn, pero es el genio de un agradecido y fascinado Mozart es el que lo lleva hasta las más altas cotas en dos periodos creativos muy bien definidos de su vida compositiva: uno que inicia en 1770, cuando sólo tiene catorce años y otro, a partir de 1781, cuando se instala en Viena y escribe sus mejores páginas: los seis cuartetos dedicados a Haydn, el cuarteto Hoffmeister y los tres prusianos, donde concede un papel muy significativo al violonchelo.

Hoy contamos en Música Inesperada con Gabriel Lauret, catedrático de Música de Cámara del Conservatorio Superior de Música de Murcia y primer violín del Cuarteto Saravasti, al que le he pedido un imposible, el encontrar cuatro movimientos de cuarteto de cuerda entre los escritos por el genio de Salzburgo que, a su criterio, formen un cuarteto perfecto: “Esto en sí es una contradicción. La mayor parte de los cuartetos de Mozart del segundo periodo son composiciones perfectas que están magníficamente estructuradas de manera que, el equilibrio entre cada uno de los movimientos, el juego de tonalidades entre ellos, su orden y proporciones, logran obras de arte perfectamente compensadas”.

Como lo que realmente perseguimos con este post es que el lector se anime a escuchar íntegramente estos diez grandes........

© La Verdad


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