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El órgano

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19.10.2019

Crecí al son de las campanas de la histórica iglesia de Santiago en Jumilla (s. XV-XIX), monumento Nacional desde 1931, y envidia de muchas catedrales. Esas campanas no sólo me hablaban de Dios, sino que comunicaban al pueblo acontecimientos gloriosos o luctuosos -nunca conseguí entender el lenguaje por medio del cual mi abuela aseguraba con absoluta rotundidad si era un hombre o una mujer a quien iban a enterrar-, pero sí entendía que, tras el segundo toque de campanas para la llamada a misa, tenía que apresurarme porque, en un cuarto de hora, comenzaría.

Toda mi vida me ha acompañado su sonido, su cercanía y un sentimiento de entrañable gratitud por poder disfrutarlas. Cosa distinta ocurre con su órgano (1807-8), enmudecido desde el año 36, destrozado a causa de la barbarie, despojado de tubos y víctima del abandono hasta ahora. Y digo que hasta ahora porque desde que llegó, hace poco más de un año el sacerdote D. Manuel de la Rosa, las cosas han cambiado de manera increíble. Este hombre entusiasta ha hecho suyo el proyecto de restauración que quedó estancado con la brutal crisis que hace unos años paralizó nuestro país. Y ha........

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