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En busca de la ciudad amazónica ideal

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13.06.2026

Todo lo que necesita saber sobre el poder, la deforestación y la biodiversidad en la región amazónica está en la Silla Amazonía.

Recorrer la Amazonía es siempre motivo de asombro, algunas veces de absoluta admiración y otras de un sentimiento que va de la incomodidad a la vergüenza.  Y me explico mejor: una cosa es la imagen mental que tenemos de esta Amazonía – vasta, biodiversa, avasalladora, llena de una riqueza difícil de comprender en su integridad, pero siempre maravillosa -, y otra es la que se nos presenta en muchos lugares, con una multitud de situaciones, conflictos sociales (incluso armados), actores ilegales, fenómenos de destrucción, estilos de vida incompatibles.

La Amazonía, en la mente de los ciudadanos globales, es más mito que realidad.

Cuando pensamos en ella, pocas veces se nos ocurre pensar que su población, que imaginamos rural, campesina o indígena, está en buena parte concentrada en ciudades, con una historia rica y compleja, que se han desarrollado en toda la cuenca asociadas a fenómenos como el auge de las caucherías, la colonización impulsada por algunos Estados, el boom petrolero de finales del siglo XX, o las políticas de industrialización (sí, lo que oyeron) promovidas por Estados en tránsito a la modernidad.

Los colombianos asociamos las ciudades amazónicas con centros urbanos, pequeños y relativamente jóvenes como Leticia, Florencia, Mocoa o San José del Guaviare; la más vieja de ellas, Mocoa, capital del Putumayo, fundada en el siglo XVI, no pasó de ser un poblado de indios hasta el siglo pasado e, incluso hoy no llega a los cien mil habitantes de población. La más grande de todas, Florencia, más nueva y dinámica económicamente, y con un poco menos de 200.000 pobladores, podría considerarse la capital amazónica de nuestro país.

En común, ambas ciudades del piedemonte andino-amazónico tienen una estructura urbana precaria, caótica, que ignora por completo el lugar donde han sido ubicadas y ha generado, por eso mismo, una vulnerabilidad construida que, en el caso de Mocoa ya pasó una costosa factura en 2017, representada en vidas y pérdidas económicas que detuvieron y aún hoy siguen retrasando su desarrollo económico y social (¿ustedes pueden creer que, 9 años después, la ciudad aún no tiene un sistema de acueducto confiable para sus habitantes y que las condiciones de vulnerabilidad, lejos de mitigarse, se siguen exacerbando frente a la desidia de autoridades territoriales y........

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