La extradición desplazó la paz total en la política de seguridad de Petro

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Esta columna fue escrita por  las columnistas invitadas Carolina Barrios Martínez, Sonia Cardona y Tatiana Niño, integrantes de la Red Amassuru Mujeres en Seguridad y Defensa en Latinoamérica y el Caribe.

Desde que Trump asumió la presidencia de EE.UU. en enero de 2025, la relación diplomática con Colombia ha estado en constante crisis. Decisiones como la deportación masiva de migrantes colombianos, la inclusión del presidente Petro en la Lista Clinton y la descertificación de Colombia son prueba de las tensiones mutuas en una relación bilateral longeva. Incluso, el dirigente colombiano fue catalogado como narcotraficante y su homólogo afirmó que le “sonaba bien” una acción militar en el país, tal como en Venezuela. Sin embargo, el 3 de febrero de 2026 Petro y Trump se reunieron en Washington. 

El encuentro terminó con un balance positivo, su tema central fue la lucha antinarcóticos y la extradición como estrategia de control. Pero la extradición  parece ser más una medida políticamente complaciente que realmente eficaz. Y en el contexto actual evidencia un giro pragmático —e incluso contradictorio— del gobierno Petro, alineado con las prioridades geopolíticas de Trump y con costos altos para la seguridad y la paz en Colombia.

Persisten las dudas sobre la eficiencia de la extradición. Aunque elimina temporalmente a un líder del territorio y de la organización, investigaciones sobre crimen organizado aseguran que esta medida no afecta los factores estructurales que perpetúan la violencia. Cuando un mando criminal es extraditado, se produce un vacío de poder que desencadena disputas internas y enfrentamientos con otros grupos armados por el control del territorio y de los mercados ilegales.

Esto genera una atomización de la violencia. La población civil resulta ser la principal víctima de estas dinámicas, al enfrentar intimidaciones y desplazamientos masivos que ponen en riesgo sus derechos y agravan las crisis humanitarias. En parte, esto ocurre porque las estructuras socioeconómicas que sostienen a esos grupos ilegales no son afectadas con la misma intensidad, lo que facilita el surgimiento de nuevos liderazgos en medio de los enfrentamientos y el incremento del número de integrantes de los grupos armados.

Esto se ha visto durante el último año. Según un artículo de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), “a diciembre de 2025, estas estructuras sumaban más de 27 mil personas —suficientes para llenar medio estadio El........

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