Paloma y Oviedo: se logró la fórmula y se pagó la primiparada

Es una fórmula presidencial inesperada: una mujer candidata del uribismo y un candidato a la vicepresidencia abiertamente gay. 

Cuatro días después de las elecciones y tire y aflojes públicos, la ganadora de la Gran Consulta, Paloma Valencia, nombró a Juan Daniel Oviedo, como su fórmula vicepresidencial. Oviedo fue el fenómeno en la campaña, al haber conseguido más de un 1,2 millones de votos, con un mensaje que desafió la polarización.

La decisión le da a Paloma pie firme para atraer los votos del centro de Oviedo, pero al mismo tiempo la obligó a aceptar la convivencia con ideas opuestas a las de la derecha uribista, en lo que sería la conformación de un frente de centroderecha para derrotar a la izquierda en las elecciones de mayo. Su estabilidad y coherencia están aún por tejerse, pero este proceso da unas claves. 

“Una negociación abierta, que pudo ser menos accidentada, da como resultado que los votantes de Oviedo puedan ser persuadidos si su visión política está incluida en esa plataforma”, dice Luis Guillermo Vélez, exsecretario de Presidencia Santos y columnista de La Silla. “Y eso fortalece la candidatura de Paloma”. 

Los días de discusiones dejaron en evidencia la indecisión por parte de Valencia y los bandazos en el tono de Oviedo. Ambos son candidatos primíparos a la Presidencia. Una unión que tiene sentido electoral se forjó sin despejar preguntas claves sobre la competitividad de la fórmula. La primera, si Valencia tiene vuelo propio sin la tutoría de Álvaro Uribe. La segunda, si la coalición de la Gran Consulta tiene la solidez que vendió en campaña como un equipo de expertos. 

Se notó la primiparada

Esta fórmula  llega luego de un camino tortuoso de cuatro días en el que se debatieron las posturas en público, se revivieron fantasmas del pasado, hubo grietas en el equipo y solo se llegó a la decisión porque estaban en el filo del plazo para la inscripción de la fórmula ante la Registraduría.

“La vi con miedo de ejercer su rol de líder. Tiene el reto de volverse grande sola y le toca destetarse de Uribe”, dice Ramón Jimeno, analista político y estratega. “Tiene madera y puede encontrar su personalidad política autónoma, pero en esta primera vez no se le vio”, agrega.

Otros consideraron que la espontaneidad en que se dio, fortaleció a la fórmula.

“La inexperiencia se volvió transparencia”, dijo Camilo Rojas, consultor político cercano a la derecha. “Se volvió casi que una campaña en sí misma. Parecía que era imposible llegar a un acuerdo por las diferencias profundas y la percepción de la intransigencia que tiene el uribismo. Así que hayan logrado un acuerdo, que haya un final feliz, hizo que les saliera muy bien”.

El domingo 8 de marzo, Valencia ganó de forma contundente, con una votación superior a la de su partido Centro Democrático. De segundo, como un fenómeno creciente quedó Juan Daniel Oviedo, que refrescó la consulta de la derecha con un discurso independiente del uribismo, en el que afirmó que el antipetrismo no es vendedor si 48% de los colombianos piensan que el país va bien.

El día del triunfo, el auditorio entusiasmado gritaba “vice, vice”, en referencia a Oviedo.

La armonía duró poco. El lunes temprano Oviedo marcó “líneas” que se oponían al corazón de las posturas del uribismo.

“Abiertamente mostramos diferencias de fondo, por ejemplo, yo sí creo en la paz, y en la paz que se negoció en el Acuerdo de 2016 (…) Usted no puede tener posiciones que no reconozcan que el acuerdo se tiene que implementar y que no se necesita solo plomo para sacar a los delincuentes” dijo Oviedo pidiendo enterrar temas decididos y enfocarse en resolver los problemas agobiantes del presente. 

Su tono fue desafiante en un tema sensible en el uribismo, ganador del plebiscito. Oviedo también defendió a la JEP, fruto del Acuerdo de Paz, donde se han juzgado militares involucrados en los llamados falsos positivos, asesinatos de civiles, en su mayoría en el gobierno de Uribe y que el Centro Democrático busca eliminar.

“Me pareció que él no se sentía cómodo en hacer fórmula conmigo, hay muchas maneras de apoyar (…) nosotros tenemos otros cinco nombres en salmuera y estamos evaluando cuál puede ser”, respondió la candidata en una especie de diálogo en vivo entre entrevistas en medios que sostuvieron.

Esa noche se dio por terminada la unión.

Las exigencias de Oviedo desataron las iras de los uribistas que reclamaban que ella era la ganadora y el exconcejal estaba haciendo valer posiciones para las que no tenía poder, al haber sacado un tercio de los votos de la candidata.

En las redes algunos uribistas hablaron de casi una traición de Paloma y su competidora por la candidatura del Centro Democrático, María Fernanda Cabal, llegó a decir que estaba preocupada por “su confusión ideológica”.

Algunos candidatos de la Gran Consulta también empezaron a pronunciarse. Vicky Dávila, otra de las candidatas dijo que “no hay nada peor que un matrimonio a la fuerza o por conveniencia, más temprano que tarde se revienta (…) Si se hizo hasta  “terapia de pareja” y no funcionó, déjalo ir”. Enrique Peñalosa, coequipero de la Gran Consulta, salió a defender a Paloma, resaltando sus credenciales de compromiso social. 

Uribe lejos, discreto, pero por encima de todo

Uribe, que había  “presentado” a Paloma en una gira  por todo el país como su candidata,  también se mostró discreto. “Es necesario entender los nuevos tiempos, escuchar con atención y respeto las ideas diferentes sin abandonar los principios que nos guían”,  en una especie de guiño para que Paloma tomara una decisión por alguien tan distinto como Oviedo.

Alguien cercano al expresidente le dijo a La Silla que Uribe era consciente de la necesidad de que su candidata dejara de ser solo “la de Uribe”, que sirvió para esta parte de la campaña, para volar con alas propias.

Ya el martes Oviedo empezó a dar marcha atrás. Afirmó que nunca había hablado de líneas rojas. Pero dentro del uribismo ya había la duda sobre la designación que persistió incluso hasta anoche. Un pronunciamiento de Oviedo, más flexible, donde dijo que no había líneas rojas, lo volvió a poner en el radar y los dos sellaron la unión “dentro de la diferencia”.

El cálculo pragmático se impuso: ninguno  de los otros posibles candidatos que sondearon podían traer los votantes del centro, de sectores distintos, que Oviedo podía atraer a esta opción presidencial. Jimeno, el analista y consultor, afirma que era el resultado inevitable de participar en una consulta. “La inclusión de Oviedo, un líder natural, no podía ser un adorno”, afirma el analista. “No es una coronación, sino una conciliación con otros”.

El mensaje de unidos por el futuro en la diferencia fue la constante de la presentación de la fórmula, en un centro comercial popular de ropa en el centro de Bogotá.  

Los detalles sobre la negociación de Valencia y Oviedo sobre el rol del vicepresidente aún no se han pactado. Una conversación inicial, según le dijo a La Silla una persona cercana a Oviedo, es que fuera una especie de “tapa incendios” en un eventual gobierno. Es decir, que pudiera recorrer el país y ayudar a la resolución de los problemas de la gente, pero que todavía no había acuerdos más detallados, por la premura del tiempo.


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