Politizada, sin plan, ni plata: radiografía a la Cancillería que deja Petro

El grave deterioro institucional que se ha cocinado adentro de la Cancillería de Colombia en el gobierno de Gustavo Petro saltó a la calle. Hay largas filas para la expedición de pasaportes, el sistema está caído, la atención consular estuvo paralizada. La disfuncionalidad del Ministerio tiene a Egan Bernal en riesgo de quedarse fuera del Giro de Italia porque no pudo renovar su pasaporte. Todos los ojos están puestos sobre la canciller, Rosa Villavicencio, la cuarta ministra de Relaciones Exteriores del periodo presidencial. 

Villavicencio, una mujer con poca experiencia y trayectoria en política exterior, es la última cara de una cartera llena de nombramientos políticos, sin directrices claras y con finanzas en rojo. Su deterioro choca con las grandes ambiciones del presidente Petro de ser un líder regional y mundial, pero, que como cara principal de la política exterior, tiene dificultad para cumplir una cita incluso con aliados cercanos. 

“¿Dónde está mi amigo?”, se preguntaba Lula da Silva según dos diplomáticos que lo vieron de primera mano, cuando Petro llegó dos horas tarde a una reunión en Bogotá. Más abajo, entre los diplomáticos, la política exterior colombiana se ha convertido en una carrera por responder a la diplomacia twittera de Petro. 

Para hacer esta radiografía del Ministerio, La Silla habló con 10 diplomáticos y funcionarios de la Cancillería en distintas latitudes, revisó los estados financieros de los últimos seis años y docenas de resoluciones de nombramientos. Los funcionarios activos de Cancillería, por temor a perder sus empleos, hablaron a condición de no ser citados. Suman 70 años al servicio de la Cancillería y todos aseguran que se trata del gobierno más desordenado para el que han trabajado como diplomáticos.

La Silla envió preguntas sobre el funcionamiento de la cartera a la oficina de prensa de la Cancillería dos semanas antes de esta publicación, pero no recibió respuesta. 

Al vaivén del Twitter presidencial 

“Como no hay un plan fijo de política exterior, yo me levanto todas las mañanas a mirar el Twitter del presidente a ver si hay algún lineamiento claro sobre lo que tenemos que hacer desde esta embajada”, cuenta uno de los diplomáticos consultados. 

Los funcionarios dicen que desde el Palacio de San Carlos, sede del Ministerio en Bogotá, hay poca línea estratégica sobre cómo llevar las relaciones exteriores. “Es difícil porque muchas veces el gobierno aquí nos llama para preguntar por alguna publicación del presidente y nos toca defenderla como si fuera nuestra política exterior”, comenta un diplomático. 

“El proyecto de inserción internacional normalmente se gestiona desde la Presidencia, pero con este gobierno esa línea no existe. No hay un hilo conductor que oriente la labor de la Cancillería”, explica Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes y experta en política exterior. Se trata de una coordinación particularmente compleja, no solo en términos de política pública, sino incluso de logística. 

La Cancillería emplea alrededor de 500 funcionarios en 15 husos horarios distintos. Maneja temas de comercio, política, seguridad nacional y respuesta a emergencias y urgencias. Debe lidiar con crisis diplomáticas, como la de Donald Trump, y problemas urgentes pero pequeños, como la repatriación de cuerpos de turistas que mueren de vacaciones. Expide documentos y es el punto de contacto con alrededor de 5 millones de colombianos en el exterior que envían remesas a Colombia que, por primera vez en 22 años, superaron la inversión extranjera directa.  

La falta de línea se suma a la desorganización de las labores del Ministerio. Para uno de los diplomáticos consultados, el desorden empezó con la primera persona que encabezó la cartera, Álvaro Leyva. “Él nombró a José Antonio Salazar como secretario general, quien no tenía ni idea ni interés en el manejo de la Cancillería”, cuenta el funcionario. 

Aunque es un rol que figura poco en los titulares, la Secretaría General de la Cancillería es la que coordina los recursos de la cartera, no solo en plata, sino también en la división del trabajo. Parte de su tiempo se dedica a asistir a comités y reuniones de personal. “José Antonio no asistía a esos comités y ese poder empezó a derivar hacia otros lados, por ejemplo, a la Dirección de Talento Humano. De ahí vienen el desorden y el descuido en el manejo de la administración”, comenta el diplomático.   

Sin una........

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