Una aventura electoral |
Hagamos unas cuentas de servilleta. El censo electoral actual es de 41.294.812 de votantes. De estos, aproximadamente la mitad votan en la elección de Congreso. Digamos que esta vez vote el 47%, que es el promedio de las últimas dos elecciones, o sea unos 19.404.000. En 2022, el 67% de las personas que votaron por el senado, votaron en una de las tres consultas partidistas. Fueron 12.251.669 de colombianos, para ser exactos.
Hace cuatro años era necesario pedir el tarjetón de las consultas. Esta vez será un mismo pliego para todas. En las últimas dos elecciones quienes han obtenido más votos en las consultas han sido elegidos presidente.
¿Cree usted que las consultas serán votadas por: a. 70% de los votantes, un poco más que el porcentaje de 2022; b. 45% de los votantes, un poco menos que el porcentaje de votantes en 2018, que fue de 54%; o, c. el 30% de los votantes?
Si dijo “a” pase por favor a la Sección I de esta columna. Si dijo “b”, a la Sección II. Si dijo “c” a la Sección III. Gracias.
Las consultas fueron un éxito. Entre las tres superaron los 13 millones de votos después de descontar los votos nulos. La Gran Consulta con sus 7.237.750 sufragios logró movilizar una parte importante del voto de opinión que se opone al gobierno.
La organización partidista del Centro Democrático –ausente en las consultas hace cuatro años– aportó una parte significativa de los votos, lo que concuerda con su excelente desempeño en las listas al Congreso. La mayoría silenciosa de las ciudades y del interior del país se hizo sentir. La pregunta que se hacen todos es si esta copiosa votación se traduce en un apoyo unificado al ganador. Al fin y al cabo, los votos de opinión no se endosan tan fácil. Otra preocupación es que los resultados en las urnas se reflejen en las encuestas. La dinámica política colombiana les otorga a las mediciones de opinión pública un valor predictivo oracular.
Para que el hecho político materializado en la consulta tenga impacto en la primera vuelta tiene que consolidarse la coalición de centroderecha alrededor del triunfador, ampliarse para incorporar otras estructuras partidistas y lograr un posicionamiento en las encuestas que sea por lo menos igual a la suma de todas las mediciones individuales de los candidatos participantes antes de la elección. Si esto no ocurre las cosas pueden complicarse.
A Roy no le fue tan mal como pronosticaban algunas encuestas. Le ganó a Quintero y su consulta obtuvo 3.897.250 votos, que no son cualquier cosa. Hay que decir que el petroclientelismo cumplió. Los billones de pesos de gasto público derrochado por el gobierno, las decenas de miles de nuevas órdenes de prestación de servicios y la parcelación del aparato estatal para aceitar maquinarias políticas les funcionó. A lomo de manzanillo Roy obtuvo más votos que la consulta del Pacto Histórico en octubre. Y, claro, hubo los biempensantes despistados que creyeron que un voto por Roy era un voto en contra de Cepeda y así se ahorraban la molestia de marcar un tarjetón donde la candidata de Uribe pudiera ganar. El problema de Petro es que ahora tiene que escoger entre Cepeda y Roy, donde sus bases –que apoyan al primero– no se comen el cuento de que el petroclientelismo sea una fiel representación del pensamiento progre, porque, entre otras cosas, no lo es.
Además, no son tontos y saben que la votación de Roy está inflada por las maquinarias parlamentarias que se movilizaron para la elección de sus respectivos caciques. Estas difícilmente se van a encender para apoyar a un candidato con el cual solo tienen una afinidad de ocasión. Cepeda seguirá a primera vuelta y Roy también. Después, que entre el diablo y escoja.
Claudia casi obtiene dos millones de votos, en contra de todas las predicciones. Puede que parte del fajardismo ausente hubiese encontrado un sustituto en su émula. Puede que algo hubiera quedado de la estructura política que cultivó durante su alcaldía. Puede que solo sea un voto por descarte y que el centro este más vivo de lo que se cree. Puede que el Parkway sea un fortín electoral inexplotado, el equivalente a Soledad o a Sahagún, pero en la capital. Quien sabe. Si este resultado no se traduce en una unión de las fuerzas centristas los candidatos verdes se aniquilarán mutuamente en la primera vuelta, como los duelistas que se disparan al mismo tiempo y se acaban matando los dos.
Fueron 10.300.000 los votos válidos en las consultas. El llamado a no participar hecho por Abelardo y Cepeda algo caló. Al igual que lo hicieron los partidos tradicionales. Desde los directorios les pidieron a sus estructuras neutralidad para cotizar mejor sus apoyos en la primera vuelta. Sin embargo, algunos hechos políticos se alcanzaron a materializar.
Las expectativas de la Gran Consulta se habían mantenido prudentemente bajas. Los analistas más escépticos afirmaban que, si acaso, se superarían los cuatro millones de votos. Un poco más de la mitad provenientes del Centro Democrático y los otros suministrados por los demás. ¿Qué votos podían tener Peñalosa, Luna, Cárdenas se preguntaban? Por eso los 5.690.750 votos fueron una sorpresa, pero no lo han debido ser. Los políticos siempre subestiman el voto de opinión, cuyo costo de movilización es exponencialmente inferior al voto clientelar. Por decir algo, el Gato Volador, el mochilero número uno de Barranquilla, tiene que vender hasta la mama para conseguir ochenta mil votos mientras que un influencer hipster con un par de videos de TikTok la saca del estadio. Que a nadie se le olvide: que hace cuatro años Francia Márquez sacó 780 mil votos, Galán casi 500.000, Peñalosa 231.000 y Alejandro Gaviria, 331.000, todos sin hacer gran cosa.
El problema es que la cola sigue batiendo al perro. Mientras los resultados reales en votos no se traduzcan en resultados en las encuestas –cuya metodología legalmente definida las hace inestables– el potencial de alterar el tablero electoral con miras a la primera vuelta será limitado. Quien gane la Gran Consulta deberá acercarse a unos cuantos puntos porcentuales de Abelardo para hacerle mella a su aspiración.
Lo mismo le pasa a Roy. Con 3.064.250 votos en la consulta del Frente por la Vida no tiene mucho discurso para enfrentarse a Cepeda. Si va hasta la primera vuelta, como está obligado, posiblemente le vaya peor que en la consulta. Para ese entonces los partidos clientelares se habrán acomodado con el continuismo de la izquierda dura, con la centroderecha o con ‘El Tigre’. No habrá dinero ni contratos suficientes para que se jueguen en primera vuelta por una candidatura zombi. Y lo de Claudia no cambia gran cosa. Con un resultado flojo cercano al millón de votos, la molienda del centro verde queda ratificada. Nos vemos en cuatro años, si es que tenemos elecciones.
No se tome la molestia de seguir leyendo y felicite a Iván Cepeda o a Abelardo de la Espriella, porque uno de los dos será presidente.