Perder no es ganar un poco
Perder es perder. Y el pasado domingo el continuismo petrista perdió las elecciones. Las razones de la derrota electoral serán muchas: la ruindad presidencial, la inadecuación del candidato, la nauseabunda corrupción del régimen, la mediocridad de sus cuadros, el anacronismo de su agenda política y, en general, la incompetencia arrogante de un gobierno que prometió el cambio pero que trajo más de lo mismo, pero peor.
Sin embargo, no esperemos de los vencidos algo de introspección sobre el resultado, el cual desconocieron hasta que los jueces de la República se lo ratificaron en la cara.
Están convencidos de que todo lo hicieron bien. Como las reinas de belleza cuando les preguntan cuál es su peor defecto y estas responden modestamente que su peor defecto es amar demasiado. Sin embargo, como la derrota está ahí y no se puede desvanecer con un conjuro ancestral hay que buscarle explicaciones.
Nosotros hicimos una campaña con las uñas, dicen. Perfecta en lo ético, en lo programático y en lo político. Con un candidato angelical. Una mezcla entre el Dalai Lama, Gandhi y el papa Francisco. (No lo que es en realidad: un apparatchik soviético. Con el carisma de Brezhnev, la bondad de Stalin y la salud de Chernenko). Además, insisten, fue una campaña sin consultores políticos, sin bodegas, sin tecnología de IA, sin vistosas puestas en escena. Solo con el pueblo irredento.
Esto, obviamente, es una mentira. La mano peluda del gobierno en el proceso electoral que culminó es difícil de esconder. Decenas de miles de contratistas, billones de pesos en prebendas y........
