La paja en el ojo ajeno

Los ataques a La Silla Vacía no son espontáneos ni tampoco inocentes. Son parte de una estrategia calculada para desprestigiar a uno de los medios más reputados e influyentes del país.

El objetivo es minar su activo más importante: la credibilidad. Es la estrategia de enlodar hasta difamar. Si todos nadan en el estercolero, todos comparten la inmundicia por igual.

En este mundo de nivelar por lo bajo, la red de propaganda oficial marca la parada. La captura de los medios públicos por parte del concierto para delinquir que nos gobierna –en palabras de la ex secretaria general de la Presidencia, hasta hace poco la mano derecha del presidente Petro– y la lubricación de poderosas bodegas digitales con dineros públicos resulta inédita.

Con la plata de los colombianos se ha montado una portentosa fábrica de mentiras. Tendría uno que remontarse a las dictaduras de nuestra historia para encontrar algún paralelo. En esto solo las prácticas comunicativas del gobierno militar de Rojas Pinilla y su aparato de propaganda y censura se le pueden asemejar.

Ya no clausurarán periódicos, como lo hicieron a mediados de los años cincuenta del siglo pasado. Ahora basta con desacreditarlos hasta la irrelevancia.

Para esto cuentan con la ayuda del idiotismo útil. Aquí mismo quedó evidenciado hace unas semanas cuando en esta columna se incluyó y luego se eliminó una frase donde se decía que Iván Cepeda era el “Pol Pot del Parkway”. Aunque se trataba de “figuras retóricas o hiperbólicas, propias del lenguaje político”, como diría el propio presidente de la República, los críticos se rasgaron las vestiduras con la........

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