El país cambió |
Es verdad que durante estos últimos cuatro años el país cambió, pero eso no debería sorprender a nadie: los países siempre cambian.
Cuatro años no pasan en vano. Los que ahora afirman convencidos que el cuatrienio petrista transformó las estructuras sociales de la nación son los mismos que creen que la historia es circular. Los mismos que están convencidos que hace doscientos nos gobierna una élite de 71 familias (no 70 o 72, sino 71 familias exactas, según un libro reciente sobre el tema) y que ahora, como tenemos embajadores wayuu, ministros de sexo indefinido y Phds de la San José, entonces hemos llegado al nirvana igualitario.
Pero piensan con el deseo. Ni las estructuras sociales son tan rígidas como quisieran creer ni han cambiado todo lo que se imaginan. Han cambiado solo lo que cambian en cuatro años, que es más bien poco, porque el cambio en una democracia liberal –y Colombia, hasta ahora, lo sigue siendo– es incremental.
El gobierno de los nadies ha sido más bien flojo en materia de resultados. Si de cambiar se trata el resero se queda corto frente a mandatos verdaderamente transformadores. ¿O es que fue poca la reforma constitucional de 1991, la revolución en seguridad que se dio a partir de 2002 y el proceso de paz de 2016? La modificación de unos cuantos artículos del código laboral, una reforma pensional en capilla judicial, la titulación de predios a sus poseedores y el aumento del salario mínimo (que será rápidamente neutralizado por la inflación) no es que sea un legado muy nutrido. Y si a esto se le resta lo que se destruyó, como el sistema de salud, el balance es negativo.
Sin embargo, insisten en perpetuar la ficción del gran cambio,........