El adiós del emperador cósmico

Tal era la soberbia del emperador, dice el cuento, que cuando le fabricaron un vestido invisible todos los cortesanos admiraron la indumentaria hasta que un niño tuvo la osadía de decir lo que nadie se atrevía: que el emperador estaba desnudo. 

Ese es Petro, quien, alabado por sus sicofantes, camina empeloto por los pasillos del poder. Embriagado por su propia autocomplacencia, creyendo que el mundo le ha quedado pequeño y que su verdadera vocación es la del liderazgo cósmico. El tutor de la galaxia, el hombre que llevó la sabiduría a las estrellas lejanas del universo. 

Le sirve en su fantasía que tiene algo más del 40% de popularidad, efímera como todas popularidades, pero lo suficientemente alta para que carcoma la racionalidad de una persona cuyo ego siempre fue desproporcionado. Seremos nosotros, los colombianos, quienes pagaremos el delirio.

El daño lo seguirá haciendo hasta el último día. Petro, como un Führer tropical ordenará la destrucción de todo lo que pueda: la tierra arrasada al mundo que nunca pudo cambiar. Nos tocará a los sobrevivientes recoger los pedazos de la devastación. Que es como quedarán las finanzas públicas, la salud, las fuerzas militares, el sistema energético, la infraestructura educativa, los servicios públicos y la seguridad de los ciudadanos.

Después de mí el diluvio decía Luis XIV y el presidente, quien puede que no tenga la grandeza del rey sol, pero si tiene sus ínfulas, ni siquiera parece estar pensando en su sucesor. Aquel bolchevique de cafetería que sus cómplices impulsan con la fina mano del prevaricato. Así llegará el ungido, esperan. El apparatchick que tiene la voz dulzona y siniestra como la de Trotski y la frialdad de un Stalin. El........

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