$201.637.565 miles de millones
Esta fue la suma que recogieron los empresarios de Colombia como ayuda para los damnificados del reciente terremoto en el occidente colombiano. Es una cifra enorme para tratarse de una colecta en un solo evento y demuestra una vez más el compromiso de la clase empresarial con su país y sus conciudadanos. Las labores filantrópicas del empresariado colombiano son de vieja data y de silencioso impacto, algo olvidado durante los últimos cuatro años cuando se hizo el más intenso esfuerzo por demeritar las gestiones del sector privado.
Según la narrativa del petrismo el empresariado era el enemigo del pueblo, una codiciosa sanguijuela que le extraía la sangre hasta dejarlo moribundo. Petro hasta les declaró la “guerra a muerte” en varias ocasiones. Nunca los bajó de esclavistas, mafiosos, rentistas y genocidas.
Algunos de los sicofantes del presidente saliente intentaron justificar estas injurias argumentando que se trataba de excesos retóricos de un mandatario que se emocionaba excesivamente en la plaza pública, pero esto siempre fue una excusa chimba. El odio al empresariado es integral, profundo y sistemático al pensamiento del petrismo. Por mucho nacionalismo social-bacano que se decía era la ideología predominante del M-19, lo cierto que en su versión fundamentalista, la que nos llegó a nuestros días en cabeza de Petro, poco de eso queda. El pensamiento petrista es una amalgama de resentimiento rabioso, chavismo y milenarismo ambiental, con unos guiños hipócritas al wokismo, todo soportado en sólidos pilares marxistas.
Porque ese es el tema: para el petrismo –y eso quedó demostrado estos últimos años– la teoría de valor........
