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Desprestigio de Mais y Aico rebaraja la puja por las curules indígenas

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05.03.2026

Todo lo que necesita saber sobre el poder, la deforestación y la biodiversidad en la región amazónica está en la Silla Amazonía.

En los últimos cuatro años los pueblos indígenas se fortalecieron hacia afuera, pero se dividieron en su interior. Los dos partidos más importantes llegan cuarteados.

El Aico está siendo cuestionado por su repartición de avales y el Mais perdió fuerza por cuenta de la escisión del sector más petris­ta y la retirada de pueblos indígenas del suroccidente. No es claro que en estas elecciones alcancen los cerca de 60 mil votos que necesitan para mantener su personería jurídica.

En un contexto de inconformismo frente a las dos cabezas visibles del movimiento indígena, nuevas iniciativas buscan entrar a competir. El Movimiento Unidad, liderado por el Cric, y el Movimiento Agrario e Indígena del actual senador Richard Fuelantala. Otra novedad es el movimiento IA de la asociación Acmizsam, personificado en la imagen de una mujer creada con inteligencia artificial.

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En juego están las dos curules al Senado y una a la Cámara de Representantes, así como la profundización de los logros que tuvieron los pueblos indígenas en el gobierno Petro. En Colombia hay alrededor de cuatro millones de colombianos pertenecientes a las 115 pueblos que hay en el país, pero cualquiera puede pedir el tarjetón para votar. 

Mais pierde respaldo en el suroccidente y queda tambaleando

El Mais surgió en el año 2013, con el objetivo de recomponer la participación electoral indígena. Sin embargo, pasó de ser uno de los partidos más importantes dentro de la coalición de gobierno a estar en riesgo de perder su personería jurídica. 

El declive comenzó cuando el Pacto Histórico decidió pasar de ser una coalición a ser un partido único. El Mais decidió no fusionarse, dada su naturaleza indígena, que lo diferencia de los demás partidos aliados. Pero, un sector de congresistas que se eligieron por ese partido como David Racero, María José Pizarro y Heráclito Landínez, se apartaron para unirse al gran partido de izquierda.

“Muchas bases nuestras se fueron con ellos. Al ser el partido de gobierno hay una preferencia en irse para allá”, dice la senadora Martha Peralta, cabeza de lista del Mais para las curules especiales. “El Pacto Histórico debilitó al Mais, afectaron la consistencia del partido y de sus bases”, agrega. 

Posteriormente, sufrieron otra baja importante. Varios pueblos indígenas del suroccidente colombiano, principalmente del Cauca, decidieron dar paso al costado por diferencias con la dirección del partido. Ahora le competirán con un nuevo movimiento, llamado Unidad. 

“Somos un gran porcentaje de la votación que sostiene la personería jurídica de Mais, pero en el partido se ensañó también la cultura del caudillismo y de la politiquería”, dijo Aida Quilcué, quien hace cuatro años ganó la curul indígena por el Mais y ahora apoya a Unidad.

A eso se suman los cuestionamientos a su líder más visible, Martha Peralta, presidenta del partido y líder del pueblo wayú. La Fiscalía pidió a la Corte Supremaa investigarla por el escándalo de los carrotanques de la Unidad de Gestión de Riesgo y reportes de prensa reseñan su maquinaria política en entidades del departamento de la Guajira. 

“Como presidenta del partido no tuvo en cuenta la igualdad, la equidad, el trabajo en equipo. Nunca hicimos bancada, las decisiones las tomó ella sola y yo no vengo de un proceso individual, sino de un proceso colectivo”, agregó Quilcué. 

Peralta responde a las críticas y dice que la salida del Cric corresponde al poder que han alcanzado de la mano del gobierno. “Los líderes de allá hablan de unidad y realmente eso se desdibuja en sus actos. Tienen una ventaja ante el resto de indígenas que yo represento: ellos cierran la Vía Panamericana y la mayoría de indígenas no tenemos una Panamericana que cerrar. Eso ha hecho que haya un desequilibrio en la participación, en los presupuestos”, responde. 

En medio de la tormenta perfecta, el Mais se aferra a sus posibilidades impulsado por los dos extremos: La Guajira y Amazonas. Conserva el respaldo de la Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonía (Opiac) y de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) que agrupa a la mayor cantidad de comunidades indígenas. Además, de acuerdo con la senadora Peralta, también tiene apoyo por fuera de los resguardos y cabildos. 

“A veces la gente me decía que no quería al Mais. Hay un liderazgo que muchos creen que no cumplió y no estuvo. Eso ha carcomido su credibilidad”, dice Julio César Estrada, actual senador que reemplazó a Roy Barreras, reconocido por su defensa de la autonomía indígena en la Amazonía, y quien aspira a llevarse una de las curules especiales con el aval del Mais y el respaldo de la Opiac. “De parte mía lo he tratado de sortear planteando alternativas de trabajo”, agrega. 

Aico reparte avales cuestionados y causa divisiones internas 

Aico se creó como partido en agosto de 1991 y ya es usual ver su logo en todos los tarjetones de elecciones locales y nacionales. Pero su generosidad en la repartición de avales ha sido cuestionada.

Daniel Quintero, el exalcalde de Medellín, imputado por presuntos delitos de corrupción, se metió a la consulta del Frente por la Vida con aval del partido indígena, a pesar de no tener ninguna trayectoria en ese movimiento. En 2023, Andrés Julián Rendón, el actual gobernador de Antioquia, del Centro Democrático, también se llevó el aval, lo que refleja el amplio espectro ideológico que cobija el partido.  

Para las curules indígenas al Senado hay polémica por el aval a Ruben Marino Borje, un político barranquillero, cercano a los Char, que nunca ha militado en movimientos indígenas, pero sí en el Partido Conservador.  Él, su hijo Samuel Marino Angulo y su actual pareja Cintrhya Pérez se han rotado la curul en el Concejo de Barranquilla.

Dice que pertenece a la comunidad indígena zenú de Chipundín, en Sucre. El partido Mais demandó su candidatura, pero el Consejo Nacional Electoral dejó en firme su aspiración. Su campaña dice que en Colombia la identidad indígena no se define por rasgos físicos y que el Ministerio del Interior lo reconoce como indígena. Sin embargo, desde otros sectores lo ven como un advenedizo.

“Él nunca fue zenú, ahí tuvo que haber algún torcido”, dice Carlos Redondo, candidato por el movimiento IA del Acmizsam, quien pertenece al pueblo zenú. 

“No queremos que pase lo mismo que ha pasado con las curules afro. Es la primera vez que las autoridades se prestan para que personas que no son indígenas ocupen un lugar que por Constitución no les corresponde”, dice Marta Peralta. 

El Aico también avaló al taita Jesús Cuasapud, el representante legal que ha estado detrás de los polémicos avales. Paradójicamente, la colectividad le negó el respaldo al actual senador del partido, Richard Fuelantala, quien armó rancho aparte con el movimiento Agrario e Indígena por la Soberanía. 

Las decisiones del partido lo han fragmentado internamente. Es una estructura dividida en dos: el Aico político y el Aico social. De acuerdo con una fuente que conoce las movidas internas, el social, que funciona como una plataforma de organizaciones indígenas, no está conforme con las decisiones del político, que funciona como partido, lo que podría debilitar su cohesión de cara al 8 de marzo. 

La Silla Vacía consultó a los representantes legales de Aico sobre el tema, pero no obtuvo respuesta. Sin embargo, Laudelino Bernier, autoridad tradicional wayú y líder regional del Aico, defiende el aval de Marino Borje.

“Acá ha llegado con varios proyectos sociales dentro de varias comunidades wayú. No de ahora, desde hace años él nos da la mano”, dice. “Aquella persona que ejerza un trabajo frecuente y dentro de un pueblo indígena, es un líder”, argumenta. Deja claro que no tuvo que ver con su aval. 

Tres nuevos movimientos buscan llevar las banderas indígenas

El desprestigio y la división de los dos grandes partidos indígenas les da ilusiones a nuevos movimientos, uno de ellos es el Movimiento Unidad. Nació tras una movilización indígena en abril del año pasado y está conformado por el Cric —que tiene como candidato al Senado a Wilmar Tumbo— junto a organizaciones de Putumayo, Cauca, Caldas, Nariño, Huila y Caquetá. 

“Esos departamentos se reunieron para reestructurar el camino de la unidad, buscar a nuestra gente que hoy está dispersa y volver a reencaminar el movimiento indígena colombiano”, dice Manuel Mavisoy, líder del pueblo inga del Alto Putumayo, el otro candidato al Senado de Unidad. “Queremos defender en el Congreso los sistemas del gobierno indígena, de la mano del sistema de gobierno público, para poder llevarlos en conjunto”, explica. 

Su campaña ha estado cercana al Pacto Histórico y ligada a la figura del candidato presidencial Iván Cepeda. Le han organizado dos grandes concentraciones: una en  Sibundoy, y otra en Santander de Quilichao, en el norte del Cauca. Se estima que va a endosar la mitad de los votos que sacó el Mais en la pasada elección, alrededor de 45 mil votos. 

Pero lo que ha puesto la campaña por las curules especiales en los noticieros nacionales e internacionales es la inteligencia artificial. El ávatar de una mujer creada digitalmente que habla a nombre de los indígenas. Se trata de Gaitana IA, una plataforma que permitiría a sus simpatizantes votar en tiempo real por los diferentes proyectos que se discuten en el Congreso, sintetizar discusiones y realizar propuestas con ayuda de la inteligencia artificial. 

“Gaitana IA no es la candidata, es una herramienta de consenso”, dice Carlos Rendón, cabeza de lista de la lista IA y miembro del pueblo zenú. “Reflejamos nuestra cosmovisión sobre la toma de decisiones (en el código de la IA). La programamos para que se puedan sentar distintos y ponerse de acuerdo. Gaitana pone de acuerdo hasta a Uribe con Petro”. 

La plataforma genera dudas en la transparencia en la estructuración de la misma y en el acceso de personas indígenas que tengan mala conectividad o poca alfabetización en el uso de aparatos tecnológicos. También es vista como una idea innovadora que sí tiene un enfoque en los intereses generales de los grupos étnicos y minoritarios, de acuerdo con Isabela Piedrahita, experta en IA.

La tercera fuerza que busca emerger es el Movimiento Agrario, Indígena y Ambiental. A través de él, el senador Richard Fuelantala, del pueblo de los pastos, busca competir por los votos en el sur del país, donde el Aico ha sido fuerte. 

“Tenemos chances por el trabajo que hemos hecho en el Senado”, dice Fuelantala. “Por los cuestionamientos en el manejo de recursos de Martha Peralta y las divisiones internas de Aico por las decisiones de sus directivas, va a haber dispersión. Las bases del movimiento van a tener un voto de castigo”, explica. 

Quienes ocupen las dos curules tendrán el reto de mantener los logros conseguidos durante los últimos años. Uno es la formalización de las primeras ocho Entidades Territoriales Indígenas en la Amazonía y el Decreto 488 que permite que se extiendan a todo el país agotando un procedimiento. Ahora son reconocidos también como autoridades ambientales en sus territorios y participaron en el gabinete en carteras como la Unidad de Víctimas, el Ministerio de Ambiente y, actualmente, en el Ministerio de Igualdad. 

Los resguardos cubren aproximadamente 32 millones de hectáreas, cerca del 28 % del territorio nacional, y una proporción muy significativa son bosques naturales, especialmente en la Amazonía. 

Más allá de las tres curules reservadas para dos senadores y un representante, todo indica que la presencia indígena en el Congreso será mayor esta vez. La lista del Pacto Histórico al Senado cuenta con dos indígenas con altas probabilidades de ser elegidas: Sandra Chindoy y Yani Silva. Y en la Cámara, al menos nueve indígenas tienen posibilidades de ganar. 

En los últimos cuatro años los pueblos indígenas se fortalecieron hacia afuera, pero se dividieron en su interior. Este domingo se define su reorganización: si sigue liderado por los dos grandes partidos, si se reencauza hacia uno nuevo o incluso si trasciende hacia las realidades digitales.


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