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Respuesta al señalamiento de Iván Cepeda contra La Silla

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02.03.2026

En una entrevista el domingo con la revista Raya, el candidato Iván Cepeda se refirió a la investigación de La Silla Vacía que desmiente la defensa que había tenido hasta ahora sobre su mención en los archivos del computador de Raúl Reyes.

En esa conversación sugirió que La Silla Vacía “hace campaña”, que presenta “posiciones ideológicas” como si fueran investigaciones rigurosas, que “quiere presentar su opción política o su opción electoral como parte de un trabajo de investigación riguroso y serio sobre ciertos asuntos” y que coincide con candidaturas en “ataques” contra otros candidatos.

En democracia, los políticos tienen pleno derecho a criticar a la prensa, señalar errores, pedir rectificaciones y controvertir investigaciones. En La Silla estamos convencidos de que los medios debemos soportar un alto nivel de escrutinio, inclusive de una columnista que publica en La Silla.

Lo que nos parece inaceptable de las afirmaciones del candidato no es la crítica, sino el tipo de acusación: insinuar que un medio hace “campaña” o disfraza propaganda política como investigación sin identificar un solo dato falso, una sola inferencia equivocada o una sola omisión sustancial verificable.

Nuestra investigación es un trabajo de contraste documental y cronológico sobre una afirmación específica y repetida por el candidato durante años: que su nombre fue “sembrado” en los archivos de Reyes como parte de un montaje del DAS.

Empezamos semanas antes de que el tema entrara en la campaña a través de la denuncia en Estados Unidos que hizo el candidato Daniel Palacios, exministro de Iván Duque. Consultamos durante más de un mes documentos oficiales del DAS sobre la infiltración a la marcha del 6 de marzo de 2008, revisamos procesamientos previos de los archivos y contrastamos copias del material en poder de distintas fuentes. 

Cuando solicitamos la versión del candidato el 4 de febrero, su respuesta fue que⁠ ⁠la Corte Suprema de Justicia ya había concluido que los archivos de Reyes fueron manipulados, ⁠⁠que hubo una operación del DAS que vinculó la marcha a las Farc haciendo montajes, ⁠⁠que no conocía a la persona que aparecía enviando el correo ni había hablado con las FARC, y que todo eso hacía parte del montaje que le habían hecho.

La Silla le preguntó si tenía a la mano los documentos del DAS. Cepeda no los encontró y su abogado tampoco. En todo caso, La Silla los buscó por su cuenta y encontró que la versión de Cepeda no coincidía, porque la operación Estímulo se utilizó para relacionar la marcha con las Farc pero con panfletos y vallas y fue ideada una semana antes del bombardeo de Reyes (cuando nadie podía prever qué iban a encontrar tras el bombardeo).

Con esa información, volvimos a contactarlo. En esta llamada, Cepeda negó haber dicho que lo del DAS tenía que ver con su aparición en los archivos de Reyes. Cuando La Silla le replicó que eso también lo había dicho en el Congreso en 2020 y que así constaba en la gaceta legislativa, dijo: “tal vez me equivoqué” en esa ocasión. Y luego insistió en su versión de que la Corte había dicho que el contenido era manipulado. 

Sin embargo, la Corte Suprema declaró ilegales esos archivos como prueba judicial en Colombia por la manera en que fueron obtenidos, no porque haya establecido que su contenido fuera falso o manipulado. El informe forense de Interpol concluyó que no encontró evidencia de alteración de los archivos examinados desde el mismo día de los bombardeos.

Al momento de editar la nota, el subdirector de La Silla consideró que valía la pena volver a llamarlo para que supiera exactamente qué íbamos a decir y tuviera una nueva oportunidad de dar su versión. Cepeda repitió que no iba a pronunciarse sobre unos archivos que la Corte había declarado como pruebas ilegales. Le repetimos que no se trataba de un proceso judicial sino de una investigación periodística. Entonces, dijo que lo que queríamos era que le montaran un juicio en Estados Unidos y colgó.

Es decir, Iván Cepeda no puede argumentar que no seguimos un proceso exhaustivo de verificación de la información o que decidimos hacerla porque un candidato rival viajó a denunciarlo a Estados Unidos. 

Es apenas natural que un medio que cubre la política investigue los episodios más polémicos en la vida de los candidatos que más opciones tienen de convertirse en el próximo presidente de Colombia. Así lo hicimos con Abelardo de la Espriella en esta historia sobre cómo su cronología de la relación con Saab no cuadra o sobre sus empresas, la mayoría de las cuáles dan pérdidas. También lo hicimos hace cuatro años con esta serie sobre las sombras de Sergio Fajardo,Rodolfo Hernandez, Gustavo Petro y Fico Gutiérrez. Y lo haremos con los candidatos con opciones de pasar a la segunda vuelta ahora.

Dicho eso, no reclamamos inmunidad frente a las críticas: si el candidato considera que la investigación contiene errores, omite contextos decisivos o llega a conclusiones injustificadas, lo invitamos a señalarlos con precisión. En La Silla Vacía las discusiones se tramitan con estándares periodísticos: “este dato está mal”, “esta inferencia no se sostiene”, “faltó este contexto”, “esta es la corrección solicitada”.

Pero hasta el día de hoy, Iván Cepeda no ha presentado una solicitud de rectificación. Él mismo le dice a su entrevistadora: “yo no he querido responder a lo que dice esa supuesta investigación y a cómo se presenta y no lo voy a hacer en este momento.”

Sin embargo, hace dos cosas que constituyen un evidente ataque a la libertad de prensa:

Le imputa a La Silla Vacía una intención oculta sin dar ninguna prueba. Al decir que el periodismo que hacemos busca ayudar los intereses de otra “campaña” sin refutar los hechos de la historia, Cepeda está minando la credibilidad y el trabajo de un equipo de más de 30 periodistas. Esto habilita una abierta hostilidad hacia el medio y sus reporteros.  

Desplaza el estándar de discusión: él no refuta la evidencia que La Silla aporta en su investigación sino que nos pide “confesar” nuestra afinidad ideológica. Ese planteamiento invierte el estándar democrático.  La pregunta no es si un medio “siente afinidad” o “coincide” con un candidato. La pregunta central es: ¿Lo publicado es cierto? ¿La metodología es rigurosa y explicable? ¿Se escucharon voces relevantes? ¿Hubo transparencia sobre el material y los límites?

En campaña —y más cuando se aspira a la Presidencia— el respeto al escrutinio público es fundamental en una democracia.  Sembrar la sospecha contra un medio sin aportar pruebas empobrece el debate público y alimenta la hostilidad contra el periodismo. Da igual que lo haga con buenas maneras y afirmando que está “respetando la libertad de expresión”.


© La Silla Vacía