De la Espriella asume el riesgo de contarse mal con Salvación Nacional |
Abelardo de la Espriella está viajando por el país para darles dos instrucciones a sus seguidores: que el 8 de marzo apoyen las listas al Congreso de Salvación Nacional, el partido que lo adoptó y corre el riesgo de volver a desaparecer, y que no voten la consulta presidencial de centro y derecha donde está el uribismo.
“¿Tú vas a una fiesta a la que no te invitaron?. No. Entonces qué carajos vamos a hacer votando eso”, dijo esta semana en Neiva, ante un centro de convenciones abarrotado de simpatizantes.
Como la campaña para él aún es larga porque decidió no medirse en una consulta y la primera vuelta está a cuatro meses, el impulso político que lo tiene marcando en las encuestas puede fortalecerse u opacarse con lo que pase el 8 de marzo.
El resultado puede ser un golpe político para su relato de “fenómeno imparabale”. Si la lista al Senado de Salvación Nacional no pasa el umbral para conseguir curules pierde la personería jurídica y queda en evidencia la falta de capacidad de endose de Abelardo. Si, además, la consulta de Paloma Valencia, Vicky Dávila, Juan Carlos Pinzón y compañía se traduce en millones de votantes, se le limita el espacio para crecer en la centroderecha y en el voto anti Iván Cepeda.
La lista de Salvación al Senado recoge los símbolos y valores con los que Abelardo está conquistando a la derecha. Pero es muy de nicho, está integrada por gente que viene de quemarse en elecciones recientes, ni siquiera llenó el cupo de 100 candidatos y arrastra el lastre de los 30 mil votos que sacó ese partido hace cuatro años.
Los actos de campaña de De la Espriella tienen el mismo guion. Los candidatos de las 15 listas a la Cámara de Salvación hacen de teloneros con discursos de máximo cinco minutos mientras los del Senado que se pegan a los viajes reparten publicidad. De fondo se muestran videos con muchos tigres y él solo aparece después de que en las pantallas reproducen su interpretación del himno nacional y se activan cortinas de humo.
“Gracias [lugar donde está]. Acá está tu tigre que ruge y muerde”, dice. Y arranca una serie de saludos militares gritando “firme por la patria”. Son discursos de no más de 40 minutos en los que interactúa con su público con preguntas.
Que si quieren que se bajen los impuestos, que si quieren que la familia sea el núcleo de la sociedad, que si quieren reducir al Estado, que si creen en Dios, que si quieren que los bancos presten plata al 2 por ciento o sino se cierran. La portada de Semana con la encuesta de Atlas que es la única que hasta ahora lo ha puesto a la par del puntero Iván Cepeda se mezcla en el juego.
Las respuestas a las preguntas son obvias para quienes lo escuchan. Exmilitares, reservistas, empresarios, adultos, cristianos, marianos, uribistas, antipetristas y hace 4 años rodolfistas. Pero le dan pie para pasar al llamado........