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La izquierda crece en Antioquia menos que el optimismo de sus líderes

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13.03.2026

El Pacto Histórico en Antioquia pasó a ser el segundo partido más votado luego del Centro Democrático. En la tierra de Álvaro Uribe, en el departamento que eligió a su primer gobernador uribista y a “Fico” Gutiérrez en la Alcaldía de Medellín, el petrismo logró un impresionante crecimiento electoral. 

“La derecha, con su división, nos pone el plato en bandeja para molerlos en primera vuelta”, dice Manuel García, el único diputado del Pacto en Antioquia. La idea se repite entre líderes del departamento. Calculan que por la división entre el uribismo, Creemos (el equipo de “Fico”) y Salvación Nacional, que hoy reparten sus apoyos entre Paloma Valencia y Abelardo De La Espriella, hay una mayor oportunidad para que Iván Cepeda gane en primera vuelta. 

Es un cálculo extraño. En efecto, la división de la derecha hizo que ahora el Pacto sea la segunda bancada más grande en Cámara de Antioquia, con tres representantes frente a los siete del uribismo que es mayoría. Sin embargo, la izquierda, como porcentaje total de votos, y a pesar de su crecimiento, sigue siendo una fuerza pequeña en el departamento. En 2022 concentró el 11% de los votos a Cámara y este año llegó a 17%. 

Un crecimiento importante, que se comporta de manera similar en el Senado, pero que está lejos de cubrir las pérdidas que sufre la izquierda en Antioquia en el escenario presidencial.    

La estrategia del Pacto para el Congreso 

Antioquia ha sido la tierra más difícil de conquistar para el petrismo. Se trata de una región que pone el 13% de los votos presidenciales y que no es solo bastión de la derecha sino cuna de Álvaro Uribe, la némesis de Iván Cepeda. Eso ha llevado a que en el pasado el petrismo teja alianzas con figuras ajenas a sus filas, como Daniel Quintero, Luis Pérez y Julián Bedoya, con el ánimo de equilibrar la cancha. 

Este precedente fue el que llevó al Pacto a redoblar sus esfuerzos en esa región para cosechar un primer resultado competitivo en el Congreso. El oficialismo armó células territoriales en Medellín, Urabá, Bajo Cauca y el Oriente para combatir el mensaje promovido por la dirigencia paisa de que “Petro no quiere Antioquia”. Las células, según El Armadillo, estaban integradas por cinco coordinadores y llegaron a 85 en el departamento. 

La estrategia se centró en consolidar las bases que han sido beneficiarias de las políticas del gobierno y arañar votos de opinión. 

“Nuestros votos no estaban solo en la militancia, sino en campesinos con tierra, familias de soldados que ahora ganan el mínimo, estudiantes del Sena con mejores condiciones”, dice el reelecto representante Alejandro Toro. “Nada más con los Equipos Básicos de Salud, podríamos estar hablando de 35 mil personas impactadas en Antioquia”. Según una investigación de La Silla, estos equipos a los que el gobierno ha destinado más de 4 billones de pesos se utilizan como motores para clientelas políticas y tienen resultados que son difíciles de medir.

Isabel Zuleta, senadora paisa también reelecta en la lista cerrada del Pacto, camina por la misma línea de Toro. Sostiene que “la idea era mover la sensibilidad por los temas sociales. En el Norte del departamento teníamos unas diferencias grandísimas con la derecha, pero logramos superarlas con el mejoramiento del Hospital de Yarumal”. 

La receta también incluyó dos mítines masivos de Cepeda en Antioquia, uno en Medellín y otro en Apartadó. En ambos el candidato insistió en profundizar las reformas sociales y, pese a no tener localía, agitó la malquerencia con Uribe, su viejo adversario y quien lo catapultó como candidato en medio del pulso penal que protagonizaron el año pasado. 

La izquierda no solo tenía en mente mejorar sus números a Congreso de 2022 para enviar un mensaje de cara a las presidenciales, sino darle la vuelta a la cosecha amarga de las regionales de 2023. Entonces, el Pacto solo logró un concejal en Medellín y un diputado en Antioquia. Un balance marginal frente a la derecha y las fuerzas tradicionales. 

Triunfalismo prematuro en el bastión de la derecha 

El Pacto pasó de dos Cámaras a tres en Antioquia, con el influencer Hernán Muriel, la debutante Verónica Estrada (cercana al exdirector de la Dian, Luis Eduardo Llinás) y el repitente Toro. Y por el lado del Senado, pasó de Zuleta como su única cara a una tripleta con Carolina Corcho, la cabeza de lista, y Kamelia Zuluaga, también de la cuerda de Llinás, quien impulsó su campaña regalando contrabando incautado de la Dian cuando era director.

Esta representación implicó que el Pacto pasara de 224 mil votos a Cámara en 2022 a 399 mil este año (crecimiento del 78%), y de 213 mil a 392 mil en Senado (aumento del 84%). “Es una sorpresa electoral hasta para nosotros. Hubo una respuesta muy satisfactoria”, dice el diputado García. “Hoy incluso estamos a 10 mil votos de la cuarta curul a Cámara en los escrutinios”. 

Ambos resultados pusieron al Pacto como perseguidor lejano del Centro Democrático, que obtuvo 742 mil votos en Cámara y 744 mil en Senado. De ahí que figuras como García concluyan que hoy la izquierda es la segunda fuerza en Antioquia. Y que José Luis Marín, único concejal del Pacto en Medellín, cobre desde un optimismo exagerado. 

“Somos la primera fuerza en Colombia y la segunda en Medellín y Antioquia”, dijo esta semana en redes. “Superamos a conservadores, liberales y Creemos, el partido del alcalde, con ocho concejales y denuncias de presión a contratistas para que votaran por ellos”. 

El triunfalismo precoz se explica en que si bien Antioquia tuvo un comportamiento similar al escenario nacional, con un Pacto y un CD que bosquejaron una especie de bipartidismo que se tragó a candidaturas programáticas dispersas en el centro y otros partidos, el petrismo paisa es todavía una fuerza incipiente. 

“Es un error afirmar que hoy sean la segunda fuerza, porque eso se mide en las elecciones regionales y las del domingo fueron nacionales. La lectura es engañosa”, dice el analista político Fredy Chaverra de la U. de A. Además, la división del uribismo y el fiquismo hizo que el resultado del Pacto en Congreso tuviera más brillo.

La ponderación la reconoce el diputado García, quien dice que “hubo una consolidación del electorado del Pacto y mayor espacio por la división de las dos derechas”. Pero la descarta Zuleta, para quien parte del buen desempeño se explica en un “voto castigo por las peleas intestinas de ‘Fico’ y el gobernador (el uribista Andrés Julián Rendón) con el gobierno Petro”. 

Las cuentas alegres de una victoria en primera vuelta 

Al Pacto le restan hervores para validar su poderío en Antioquia. El resultado a Congreso, en términos netos, habla de un crecimiento en el departamento de alrededor de 200 mil votos. Para una candidatura presidencial, que tiene que ganar al menos 10 millones para pensar en una victoria en primera vuelta, el aporte es mínimo. 

Aún así, los líderes paisas están exultantes. 

El diputado García dice que el Pacto está montado en la tarea exprés de multiplicar votos. “La idea es que cada voto se convierta en otros cinco o mínimo uno. Eso nos permitiría llegar al número mágico de mínimo 800 mil votos en primera vuelta. Se trata del todo por el todo”. 

Esta lectura tiene a la izquierda paisa jugada por cosechar en primera vuelta casi el millón de votos que aseguró Petro en la segunda de 2022. “La foto es clara: la pelea que se dio entre el CD y Creemos a Senado se extenderá con Paloma y Abelardo”, dice el representante Toro. “Con eso pasamos del histórico 70/30 entre derecha e izquierda en Antioquia, a un escenario más competitivo”. 

Efectivamente, la división de la derecha en el escenario legislativo respresentó pérdidas. Por la naturaleza de la elección, donde se necesita un umbral mínimo para elegir curules, los 187 mil votos de Creemos a Senado se perdieron. 

Pero eso no sucede en una elección presidencial. La disputa electoral de Paloma y Abelardo no le agrega votos a Cepeda ni le da ventajas para ganar en primera vuelta, como sí lo hizo para el Pacto en las elecciones al Congreso. Ese optimismo de los líderes paisas encuentra techo en simples cuentas de servilleta. 


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