Dos palacios y un batallón: así empieza a funcionar la Presidencia de Abelardo
La semana pasada, De La Espriella suspendió su agenda en Barranquilla para viajar a Valledupar y convocar un consejo de seguridad extraordinario luego de unos fuertes combates entre el Ejército y el ELN en el sur del César. Un día después estuvo en Cali y Pereira supervisando la reconstrucción del terremoto. Terminó en la noche en Bogotá, donde lideró una velatón en la Plaza de Bolívar por las víctimas de la catástrofe, y salió el sábado de nuevo hacia Barranquilla a presidir el consejo de ministros.
El ritmo del presidente es intenso y en muchas ocasiones su equipo de comunicaciones se entera de su nuevo destino o del contenido de sus declaraciones sobre la marcha, en una “improvisación planificada”, como la llama el estratega Carlos Suárez, en la que De La Espriella y su primer círculo de trabajo se sienten hábiles y resolutivos.
“La voluntad del presidente es estar uno, o dos días, de tiempo completo en Barranquilla, y el resto de la semana la quiere repartir en las regiones”, dice un integrante del alto gobierno, quien pidió la reserva de su nombre porque no tiene su vocería oficial.
De La Espriella lidera una presidencia itinerante que tiene como principal sede el Batallón Paraíso en Barranquilla. En este batallón, adecuado con una apresurada fachada republicana, es donde tiene sus reuniones más importantes, como el encuentro que sostuvo con los empresarios más ricos del país. Bogotá, en cambio, funciona como una sede alterna donde da sus declaraciones a los medios nacionales. En principio, se negó a despachar desde la Casa de Nariño, pero la realidad lo devolvió a la sede principal de la Presidencia.
Del Palacio de San Carlos a la Casa de Nariño
El 25 de agosto, un grupo de reporteros y camarógrafos hacían fila en el centro de Bogotá para ingresar al Palacio de San Carlos, sede de la Cancillería, a unas nuevas declaraciones de De La Espriella. La calle peatonal que cruza frente al San Carlos, y que es parte de los recorridos habituales que hacen los turistas en la ciudad, estaba cerrada con grandes vallas negras y colmada con las camionetas negras del esquema de seguridad del presidente.
Siendo presidente electo, De La Espriella anunció que su despacho principal en Bogotá sería el Palacio de San Carlos, un edificio construido en el siglo XVI que sirvió como antigua sede de la Presidencia. La Casa de Nariño, dijo en su momento, se convertiría en un museo abierto.
“Bienvenidos al salón Vicky Dávila”, bromeó un reportero cuando el grupo de periodistas fue conducido por el equipo de Cancillería a uno de los salones de espera del Palacio. Dentro del edificio, la movilidad de los periodistas estaba restringida y vigilada por los funcionarios. Hacia afuera del salón, sólo era posible ver hombres y mujeres de traje llevando carpetas y papeles de una oficina a otra, o al jefe de protocolo de la Cancillería, Rodrigo Pinzón, apresurado por los pasillos con algún problema urgente por resolver.
Unos días antes, como lo contó El Espectador, los medios nacionales se quejaron con Presidencia por las malas condiciones de sus reporteros para cubrir el día a día de De La Espriella, y algunos incluso amenazaron con retirarlos por la falta de espacios adecuados para seguir su agenda desde el Palacio de San Carlos.
Las declaraciones del presidente estaban anunciadas........
