Estéticas de las campañas: la democracia es cuestión de estilo

Por: Omar Rincón, columnista invitado. Profesor, Departamento Narrativas Digitales, Universidad de los Andes

Las campañas políticas antes eran de medios, afiches, spots, jingles; luego fueron de internet y redes; ahora son de divertimento IA. Todo luce, parece, suena y se siente fake. Nada es verdad. Cada uno en su fe, cada cual en su risa. Una democracia divertida. 

Los medios clásicos piden mensaje, pero preguntan por show, “si no me generas clic no me interesas” parece ser el mantra. Por eso, a Abelardo se le celebra por bailarín y atrevido; a Paloma se le quiere ayudar para que mejore porque da como un no se qué su desprolijidad; a Fajardo y Claudia se les pordebajea porque expresan su superioridad moral sobre los periodistas y la gente; a Cepeda se le agrede por aburrido y petrista. Lo más sobresaliente es que en esta campaña para los medios, las redes y los candidatos todo es acerca de Petro.

Lo paradójico es que poco interesa los que estos medios digan o hagan, ya no hay clic, todo se goza por IAs y el criterio de consumo es lo divertido. Mientras tanto, el periodismo se pierde en sus egopeleas donde cada cual dice ser mejor moralmente que el otro. Y así, los medios y los periodistas no importan. Todo pasa en redes y las vainas digitales de los algoritmos y las IAs. 

Si vamos a la comunicación de las campañas encontramos que estamos ante la posibilidad de escoger entre cinco estilos de vida y clases sociales: la Paloma pop de clase heredada y una derecha que busca ser amable; el Abelardo de la new money, eufórico y con IA; el Iván popular que construye en la militancia y el colorido petrista; Fajardo y su superioridad moral de clase bien; Claudia, la clase media que lucha por tener identidad. 

El storytelling salvador

Todo es cuestión de estilo, de estilo de vida. Y el estilo de vida como promesa se cuenta en una historia, que en Colombia significa desde la clase social.

Iván Cepeda es la clase popular. Nos da palabras de clase popular, superioridad moral de víctima y coherencia izquierdista. Él ha sido un sacrificado, su padre fue asesinado y ha luchado siempre por lograr la justicia histórica. Su relato es de un luchador contra los poderosos encarnados en Uribe que quieren evadir sus responsabilidades en el conflicto. Por lo tanto, se erige como un redentor sacrificado, un tipo designado por la historia para cobrársela a los poderosos de familia, patria y dios. El justiciero histórico.

Paloma Valencia es la clase histórica. Nos ofrece un estilo de vida donde hay que mantener la clase heredada por apellido, tradición, dios y patria. Su relato es que ella ha sido elegida por la historia de su familia que siempre ha estado en el poder político colombiano y por el designio del refundador de la nación, hija de dos herencias: una aristocrática y otra regional campesina. Ella está destinada por familia, política, tradición, patria y dios para restaurar el orden nacional. La justiciera de la tradición.

Abelardo de la Espriella es la clase aspiracional. Nos promete la clase new money, esa que se alcanza con el hacer $$$ y exhibirla en consumos lujosos. Su relato está en que es un productor de dinero y tiene gustos lujosos y brillosos. Él ofrece un estilo de vida eufórico individualista, excéntrico, provincial, folclórico, aspiracional: un poco eso que llamamos en Colombia narco estética, que en honor a la verdad es capitalismo puro y duro. Su vida es el testimonio: no tiene amigos, tampoco canon moral, su fe es la euforia del exceso, todo sirve para alcanzar el capitalismo dream. Él está destinado por su auto designación capitalista para que cada colombiano logre su baile, ruido y........

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