Las cosas que pasan

La cobija de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo no alcanza para taparse los pies y la cabeza: la JEP es un tribunal de impunidad, dice ella; no puede eliminarse, dice él. No estoy de acuerdo con que las parejas del mismo sexo adopten, dice ella; hoy es legal en Colombia, dice él. Después de cada lavada, la cobija se encoge aún más. Valencia propone a Álvaro Uribe como ministro de defensa; Oviedo no está de acuerdo. A tres semanas de la primera vuelta, la cobija no alcanza ni para cubrir las vergüenzas. La presidenta voy a ser yo, advierte ella. Soy la llanta de repuesto, reconoce él.

La promesa de la “unión entre distintos” de hace un mes es hoy una campaña en el limbo. La derecha más radical la considera tibia y el centro ve asomarse a un clon de Iván Duque. La esperanza de una verdadera coalición política se quedó en un carrusel de Instagram entre Mauricio Cárdenas, Enrique Peñalosa y David Luna. Viajan juntos, se abrazan, sonríen y reparten volantes. Acumulan millas para el siguiente vuelo. El primero quiere ser presidente; el segundo, ministro y el tercero, alcalde.

El esfuerzo más grande que hizo Paloma Valencia para buscar apoyo más allá de su nicho fue abandonar el hablado y los ademanes de su mentor. Pero fue un breve paréntesis y en los últimos días volvió a su personaje habitual, acaso como reacción instintiva frente a un sector de la derecha que se le resiste o cómo fórmula de sus spin doctors para enfrentar a Abelardo de la Espriella. El caso es que hoy Valencia hace todo lo posible por recordarnos su estirpe política. Se cubre los pies y se le ve la cabeza.

Las encuestas indican que la tendencia al alza de la llave Valencia-Oviedo se estancó o, incluso, se reversó. Y si bien puertas adentro la campaña tiene claro que el salpicón que armaron no se está vendiendo, hacia afuera culpan a las candidaturas del centro que naufragan en el margen de error. Es que Sergio Fajardo no ha entendido lo que está en juego; es que Claudia López es en realidad petrista. Entre uno y otro se acercan al 5% de intención de voto. Un millón de votos mal contados.

Si quiere mantener alguna opción de llegar a segunda vuelta, Valencia necesita disputar ese botín. Sin embargo, el reclamo para que........

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