Los ricos también lloran

No se trata de negar la afirmación del ministro de salud que, para responder (sin responder, claro) a las quejas y al llanto del gerente del Hospital San Rafael de Itagüí, dijo sencillamente que “los ricos también lloran”.

            Esa parece ser una verdad innegable. Y a un ministro tan adicto a la mentira y al enredo hay que hacerle un reconocimiento cuando, así sea para insultar y para humillar, dice algo que bien puede ser cierto.

            El sufrimiento de los ricos es un tema. Buena parte de la literatura está escrita sobre su llanto, para explicarlo y, también, para burlarse de él. Está en el chiste ese de describir como “problemas del primer mundo” a esas cosas que uno ve que les pasan a gringos o a europeos y que son insignificantes (una mala peluqueada, una fiesta de quince que salió mal, una fila larga en un restaurante), pero que les causan desesperación. Porque esos problemas, los problemas de los ricos y los problemas del primer mundo, parecen ser pseudo problemas. Son problemas de gente que ya no tiene problemas.

            Pero el llanto de los ricos y su sufrimiento pueden ser no sólo motivo de chiste. Ese esperpento maravilloso que fue Carlos Menem prometió que iba a gobernar “para los niños pobres que tienen hambre [y] para los niños ricos que tienen tristeza”. Hay ahí una insolencia mejor que la de nuestro ministro, pero también el reconocimiento del deber de un gobernante y de un gobierno de atender los problemas que tiene la gente. Incluso la gente rica.

            Las declaraciones del ministro son hipócritas e irresponsables. Y, en este caso, son engañosas. También, son de una crueldad vergonzosa, propias no sólo de quien goza del mal ajeno, sino, lo que puede ser peor, de quien hace el mal y después celebra la fechoría.

            La hipocresía del ministro ha sido señalada por varios medios de comunicación y comentaristas. En resumen: el ministro es rico, o es........

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