La revolución ética |
El 9 de septiembre del año pasado, el senador Iván Cepeda dio un discurso en el auditorio de la Universidad Nacional.
Conmemoró, ahí, el día internacional de los derechos humanos. Y aprovechó el discurso para darle sentido a ese concepto ambiguo y que tanto ha repetido en su campaña de la “revolución ética”. Cepeda la definió como una “transformación de raíz” de la consciencia colectiva e individual que “nos lleve hacia una nueva cultura política y social, profundamente sensible ante la vida, el sufrimiento y la dignidad de los demás”.
Con esa “revolución”, Cepeda propone, entonces, una reconstrucción moral de Colombia que la cure, que nos cure, de “décadas de violencia”, “del desprecio sistemático hacia quienes viven en la pobreza y la exclusión”, y del “patriarcado, y el racismo”.
Esas palabras conmueven. Suenan bien. Suenan a verdad.
Y es que uno casi que podría creer que quien las dijo es un gran moralista.
Pero, más allá de su pasado, la persona que habla de una revolución ética y del sospechoso “lado correcto de la historia”, así camine con la pose de los profetas y hable con los lugares comunes de los reformadores morales, no puede ser un portavoz sincero si está prometiendo reelegir un proyecto tan........