La audacia, la épica, la suma cero

Hace unos días dije que el presidente de la república tiene la virtud de la audacia. 

Alguien me respondió y me dijo, indignado, que uno no puede hablar de audacia cuando está hablando de una persona que ha destruido el sistema de salud, por ejemplo, o que ha dicho mentiras para tapar la corrupción de sus secuaces, o que ha negado la autoridad de los otros poderes públicos cuando le llevan la contraria. Creo que sí se puede.

El presidente tiene esa virtud, que es la virtud del atrevido y del osado. 

Esto no quiere decir que use bien esa audacia. Hay gente que ha usado su audacia, su atrevimiento, para hacer cosas buenas o justas. Hay otros que la han usado para hacer cosas que son injustas para los demás y que han resultado malas para ellos mismos. 

La audacia es, entonces, una virtud práctica: sirve para guiar y para determinar las acciones humanas. Pero no es útil para evaluar esas acciones como buenas o como malas. 

Creo que la audacia es la virtud irrefutable del presidente. Y creo que se expresa, sobre todo, en esa cosa que tiene de radicalizarse en los momentos de mayor debilidad, de apostarlo todo cuando parece que no tiene las mejores cartas, de llevar a los demás al abismo, o casi al abismo, para salirse con la suya o para lograr eso con lo que parece medir su existencia: dar de qué hablar y ser famoso. 

No nos debería........

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