El país centrífugo
Será una mezcla de insomnio y de nostalgia aperturista la que me ha llevado a los confines de YouTube para descubrir y pasar el tiempo viendo el documental de Ramón Jimeno sobre los últimos días del gobierno de Gaviria, la telenovela de las Ibáñez (Martha Senn, maravillosa como la maravillosa Nicolasa Ibáñez), entrevistas a Luis Caballero (aburrido, contestando las preguntas y distraído, haciendo dibujitos, un poco malparido pero siempre genial) y debates presidenciales de los años noventa, que me sorprendieron.
No es que los candidatos de entonces fueran mejores (y sí) que los dos que hoy tenemos y que nos atormentan. Lo que me sorprendió fue la distancia tan corta entre los rivales. Me imagino que, en ese momento, Andrés Pastrana (el Pastrana de ese momento, no el de Madrid) se sentía lejísimos de Ernesto Samper (el de ese momento, no el de Caracas) y de Navarro Wolff. Me imagino que Pastrana se sentía lejos de Serpa, y Serpa de Noemí Sanín, y Noemí de Uribe. Todos, supongo, se sentían distintísimos. Pero no lo eran.
Viendo esas campañas (la del 94, la del 98, la de 2002) con distancia, uno descubre que, si bien el país estaba peor, sometido, casi, por la guerrilla y por los paramilitares, los líderes políticos eran, así no quisieran serlo, moderados y cercanos. El más conservador de esos que mencioné era Pastrana. El más de izquierda era Navarro. Pero en Colombia había gente más conservadora que Pastrana: estaban los nostálgicos del viejo orden de la Constitución de 1886. Había todavía laureanistas y alvaristas y ospinistas. Más a la izquierda de Navarro estaba, entonces, casi toda la izquierda: estaban los comunistas, estaba lo que quedó de la UP, estaba la ANAPO. Estaban los maoístas del MOIR.
Había, entonces, un esfuerzo, consciente o inconsciente, de los líderes políticos y de los partidos y de los movimientos por moderar sus ideas más extremas. Teníamos una cultura política centrípeta, que tendía hacia el centro.
Quizás, algo había de una agónica virtud republicana. Los líderes de la comunidad política tenían que buscar la supervivencia de la república, más, incluso, que el éxito de su facción. (No quiero romantizarlos tanto: había también, claro, corrupción y pactos oscuros y una banalidad........
