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El mal menor

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02.06.2026

No sé quién va a ganar las elecciones, pero ya sé que yo las perdí.

Las perdimos todos los liberales y los que creemos en una política basada en la evidencia. Las perdimos los que creemos en el Estado de Derecho y en la legalidad y en el pluralismo. 

No sé si las perdimos con la consulta del Pacto Histórico o con la sorpresa de Abelardo de la Espriella el domingo pasado. No sé si las perdimos por culpa de RTVC o de Semana o de las encuestadoras o de la ley de encuestas. No sé si fue culpa de Fajardo, por no meterse en la gran consulta, o de Fajardo, por no haber adherido a Paloma en el café de Barranquilla. 

No sé si ya las teníamos perdidas desde la segunda vuelta de 2022. 

Ya no importa. Estamos entre Cepeda y De la Espriella.

Es un escenario “subóptimo” en el que cualquier preferencia parece llevar a una derrota. 

Y, ya que no podemos votar por nuestro candidato favorito (por una candidata, en mi caso), nos queda votar en blanco, o votar por Cepeda o por Abelardo. Y, con ese voto, nos queda perder un poco o mucho o todo. 

Votar en blanco será el acto más puro y el que, supongo, lo dejaría a uno mejor parado frente al espejo. 

Hace cuatro años, en la segunda vuelta entre Hernández y Petro, yo defendí hacer eso. 

Dije, entonces, que me parecía la mejor opción y que, con ese voto, que no servía para nada en términos prácticos, por lo menos podía expresar mi reproche a dos candidatos que habían “movido la línea ética” y que parecían despreciar las instituciones, los valores y el modelo constitucional en el que yo creía entonces. Y en el que sigo creyendo ahora, cuatro años después.

Pero esta vez no voy a votar en blanco, a pesar de que esta sea, como la de hace cuatro años, una decisión trágica. Voy a votar por Abelardo de la Espriella, a quien desprecio. 

No sé quién es mejor persona, si Cepeda o De la Espriella. Probablemente Cepeda, con su tremendísima gravedad de apparátchik, con su compromiso con la memoria y con el pasado, con su aburridísima seriedad, es mejor persona que De la Espriella, tan pomposo, embustero y estridente. 

Pero esa seriedad moral no ha llegado tan lejos como para rechazar la participación política del presidente a su favor,........

© La Silla Vacía