Balance literario: ideas cautivadoras y destreza de pluma

Al deleitarme con la literatura, me he venido preguntando qué es lo que hace que determinada obra nos deslumbre y lleve a recordarla y releerla. Imagino que los críticos de la literatura habrán estudiado las raíces de tal fenómeno, focalizado en los “incunables” que bien analizara Irene Vallejo (2020, “El Infinito en un Junco”).

Mis primeras lecturas de “Crimen y Castigo” (Dostoyevski), “Hombre de la Máscara de Hierro” (Dumas) o “La Metamorfosis” (Kafka) tenían todas el común denominador de historias cautivantes. Impactante el solitario joven Raskolnikov, obsesionado con robarle unas joyas a la desvalida anciana, mostrando su “naturaleza inhumana”. Hasta Woody Allen quedó cautivado, pues produjo al menos dos entretenidas películas sobre tal síndrome: “Match-point” (2005), donde su prometida Johansen termina siendo la víctima; e “Irrational Man (2015), donde profesor de filosofía envenena a colega y mata también a su compañera en prestigiosa universidad del “Ivy-league” de EE.UU.

Pero, con el tiempo, los gustos cambian; resulta que, en plena-pandemia, decidí retomar la relectura de algunos de esos clásicos. Y, para mi negativa sorpresa, “La Metamorfosis” ya no me aterró (pues ya sabía su desenlace), pero lo más curioso es que tampoco me fascinó el relato que me había cautivado de joven. Encontré un Kafka........

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