Cayó el dictador, por Rosa María Palacios |
Amanece el 3 de enero con la captura de Nicolás Maduro en Caracas y su traslado a los Estados Unidos. El operativo fue ejecutado por Fuerzas Especiales del ejército de los Estados Unidos, cuya flota está desplegada desde hace semanas frente a las costas de Venezuela. Una operación quirúrgica, que hasta el momento no reporta ni muertos ni heridos.
El primer sentimiento es de alivio y de alegría por los millones de venezolanos que, en una diáspora cruel, fueron obligados a huir por miedo y por hambre de su país. Personas comunes a las que se les quitó el derecho más humano y fundamental de todos: vivir donde nacieron. Personas que hoy son parte de la sociedad peruana, así como de otros muchos países que los acogieron, dentro y fuera de la región. Muchos ya no volverán a su patria, pero muchos más solo esperaban el día en que cayera el dictador para volver a casa. Sus lágrimas, en muchas plazas del mundo entero, conmueven.
Maduro se consolidó como un dictador, reconocido como tal casi universalmente, en la última elección que robó a Edmundo Gonzales. Pero su recorrido autoritario viene de muy atrás. Desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1998 y cambió la Constitución para perpetuarse en el poder, Venezuela fue perdiendo la democracia en forma y fondo. El régimen de Maduro solo acentuó las graves violaciones a los derechos humanos en la vulneración del derecho a la vida (asesinato, tortura); el derecho a la libertad (detenciones arbitrarias, secuestro, prisiones políticas); el derecho a la libertad de expresión, sin prensa libre alguna; el........