Tendrán que escuchar (Uyariy), por Marisa Glave
Se cumplieron tres años de la masacre de Juliaca, donde 18 peruanos y peruanas perdieron la vida por la represión violenta del gobierno de Boluarte. Mantenerse en el poder fue más importante para ella, y para el pacto congresal que la sostuvo en la presidencia, que cuidar la vida, que respetar derechos políticos básicos, como el de la protesta.
Traicionar su promesa de renunciar para abrir paso a elecciones adelantadas fue el sello de su gobierno. Quienes la eligieron con sus votos no importaron para ella; sus expectativas y sueños, tampoco. Consolidar su presencia en Palacio costó al menos 50 vidas y dejó más de 1,400 heridos, varios con secuelas que perdurarán por siempre.
Este episodio doloroso de la historia peruana, que se vivió de manera cruenta en Puno, Cusco y Abancay, quiere ser silenciado, borrado por quienes detentan el poder. Boluarte habrá dejado la presidencia, pero Jerí representa al mismo sector político que la sostuvo y que la blindó de toda investigación, a ella y a quienes dieron las órdenes a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional de disparar a civiles. La política de impunidad busca siempre el olvido y la sumisión.
Pero la memoria es rebelde. Se cuela por diferentes rendijas. Reaparece en los momentos menos esperados. Se vuelve incómoda, sobre todo en tiempos como el que vivimos hoy, de elecciones generales, donde todas y todos los........
