Disparar hasta matar, por Marianella Ledesma |
Hay una frase icónica popularizada por los cómics de Marvel con el personaje de Spider-Man, que dice: “Un gran poder exige una gran responsabilidad”; y ello es evidente, sobre todo cuando la vida social se mueve bajo los parámetros de una democracia representativa. Por decir, el poder de quien ejerce el cargo de presidente, congresista o alcalde es un poder delegado por la voluntad popular para que se ejerza con límites y con responsabilidad.
Esta regla responde al modelo republicano de gobierno; por ello, nuestra Constitución señala en el art. 45 (reafirmando lo que también decía la Constitución de 1979) que el poder se ejerce con límites y con responsabilidad. Esta es una regla básica de convivencia, que se expresa en el binomio poder y responsabilidad como un principio fundamental, tanto para los héroes de ficción como para las personas en la vida real. De ahí que ejercer el poder no solo significa tener la capacidad de hacer algo bien, sino que requiere que ese ejercicio se haga pensando en el impacto de nuestras decisiones, para lo cual no solo se brinda una respuesta inmediata, sino ponderada y meditada en las consecuencias y valores democráticos y humanos que se tendrán que sacrificar para beneficiar a otros.
Ejercer el poder, desde la vida cotidiana o desde el ejercicio político, tiene la misma lógica. Su ejercicio requiere de responsabilidad, evitando el abuso y promoviendo el bienestar; por ello, no resulta aceptable el poder que se ejerce de manera desbordada, ilimitada, desaforada. Todo lo contrario: se requiere un poder racionalizado, reflexivo y limitado, al que se acompaña, en su ejercicio, la responsabilidad por las decisiones tomadas.
Hace tres años que la Policía Nacional atacó con perdigones y armas de fuego a manifestantes y transeúntes en la ciudad de Juliaca. Este ataque........